La sede del Concejo, un gran símbolo urbano y político
En 2006, la sede del Concejo se anunció como un acto fundacional de nuevos valores urbanos y políticos. Hoy, el municipio prepara acciones judiciales, y además analiza si algo se puede recuperar de esa obra o si procede a su demolición total. Virginia Guevara.
En 2006, la construcción de la sede del Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba se anunció como un acto fundacional de nuevos valores urbanos y políticos. Sobre el Suquía, esa obra plantada en los predios del ex Mercado de Abasto simbolizaba –se dijo– la reconciliación de la ciudad con el río, e inauguraba un proceso de revalorización de una zona degradada. La trascendencia política otorgada en los discursos fue mayor aún: la obra también era la revalorización de un ámbito institucional degradado. La maqueta mostraba un edificio moderno, accesible, con espacios múltiples pensados para la participación de los vecinos, luminoso y vidriado en señal de transparencia, y hasta con cubiertas verdes en sus techos, todo un guiño al ambiente.Hoy, la Municipalidad de Córdoba analiza contra cuál de los actores involucrados entablará primero las demandas judiciales que ya cuentan con la respectiva decisión política. Pero, además, está ante una disyuntiva más severa: determinar si hay algo recuperable en ese esqueleto de hormigón al que un peritaje de la Universidad Nacional de Córdoba le diagnosticó "deficiencias estructurales", o si la obra debe ser demolida por completo. Llamada a ser un símbolo de la democracia ciudadana, esa estructura terminó siendo el triste espejo de la política real.Fue anunciada, concursada e iniciada en 2006 por el ex intendente Luis Juez, meses después de que un incendio devorara el piso del Garden Shopping donde entonces sesionaban los concejales. También durante esa gestión la obra se paralizó por falta de fondos, aunque los certificados de la constructora Sadic SA se validaran como si la estructura estuviera bien ejecutada. En total, se pagaron más de cuatro millones de pesos. En la gestión de Daniel Giacomino, la obra nunca fue retomada y hoy sigue en un 18 por ciento de avance. Pero hubo un cambio sustancial: en 2010, a toda prisa y con objeciones del Tribunal de Cuentas, se autorizó una "cesión de derechos y obligaciones" de la firma Sadic a la empresa Oresti SRL. En paralelo, y también de manera directa, la nueva constructora se quedó con los casi ocho mil metros cuadrados vacantes de las tierras del ex Abasto, a pagar en 12 cuotas, con cinco meses de gracia, y a la mitad del precio de mercado. Es decir, que hoy la ciudad no tiene la sede del Concejo, pero tampoco tiene las valiosas tierras que rodean la estructura defectuosa resultante de todo este proceso. El contrato de construcción está suspendido, y la validez de las pólizas de seguro exigidas en su momento está por verse.Mientras tanto, el Concejo debe renovar el contrato de alquiler del edificio que ocupa en pasaje Comercio, y dado que el recinto es reducido e incómodo, espera que la Provincia le preste –sin cargo– la Legislatura un día a la semana.El municipio buscaba un símbolo urbano y político, y lo logró: abandono y más desprestigio.

