El recorte de menor costo político
Sería toda una rareza ver a contratistas de obra pública cortar una calle y quemar neumáticos por deudas del Gobierno provincial. Daniel Alonso.
Las cuentas del primer trimestre dejan un claro mensaje: De la Sota frenó el gasto donde menos duele. Sería toda una rareza ver a contratistas de obra pública, muchos ligados históricamente como prestadores del Estado, cortar una calle y quemar neumáticos por deudas del Gobierno. El recurso al que apelan es menos ruidoso: paran las obras o cortan el servicio hasta nuevo aviso; es decir, cuando vuelva a girar la rueda de pagos. Claro que hay efectos colaterales que no son menores, como la pérdida de empleos en la construcción, los menúes de emergencia para los chicos del Paicor, hospitales sin limpieza y el estiramiento de la cadena de pagos, entre otros. Aun así, la fórmula del ajuste por las erogaciones de capital ha resistido gobiernos de todo tipo y color. Y este no es la excepción: la prioridad para los recursos que ingresan son los sueldos, jubilaciones y el sostenimiento de las prestaciones básicas del Estado. El resto, que espere.Y así funcionó entre enero y marzo. El gasto corriente creció a un ritmo de 35,8 por ciento interanual (la partida de personal aumentó 32,5 por ciento), es decir, por encima de los ingresos (vía impuestos y coparticipación).Y si bien el alza del gasto básico tuvo un pequeño rebaje, la desaceleración fue varias veces mayor en los recursos. Y es por eso que el famoso ahorro corriente, que llegó a 570,4 millones de pesos, quedó muy lejos de equiparar a la inflación real: aumentó apenas tres por ciento, cuando en 2011, ese resultado había tenido un alza interanual de 59 por ciento.De a poco la Provincia reactivó parte de la obra pública y ya planea arrancar las autovías a Río Cuarto y San Francisco. Pero en el medio tiene otro trabajo fino: bajar los costos fijos y mantener calentita a la recaudación, para que los billetes que lleguen por vía del endeudamiento no queden sometidos a financiar el gasto corriente. De lo contrario, empezará a crecer un costo político oculto que siempre termina explotando por el costado menos pensado.

