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Reclamo justo, método peligroso

Ni el oficialista más cerril puede poner en cuestión la justicia del reclamo. Horacio Serafini.

04 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Reclamo justo, método peligroso

Ni el oficialista más cerril puede poner en cuestión la justicia del reclamo. Del mismo modo que ni el opositor más hostil puede ignorar que la forma que adquirió la protesta rompe con la institucionalidad y puede conllevar riesgos potenciales contra la estabilidad. De allí que la demanda de los, en su mayoría, suboficiales de ambas fuerzas haya concitado la aprobación de sectores oficialistas. Y que hasta el propio Gobierno haya tenido que recular en la aplicación del decreto que les podaba los salarios hasta dejar a gendarmes y prefectos en una situación de semipobreza.La cuerda se cortó por lo más delgado: el relevo de los jefes de ambas fuerzas. Al menos por ahora. Queda por dilucidar si la ministra de Seguridad, Nilda Garré, podía llegar a desconocer las consecuencias del decreto 1307. Sobre todo cuando, desde que era ministra de Defensa, estaba al tanto de lo que significan los "adicionales" en el bolsillo de los militares; una persistencia en los pagos no remunerativos que incluyen también a los empleados públicos nacionales y que los gobiernos de los Kirchner han ignorado. También está en cuestión la impericia con que el Gobierno manejó un conflicto salarial hasta convertirlo en un problema político.Tan justo como el reclamo, es peligroso el método. No se trata de un sindicato, sino de integrantes de fuerzas de seguridad, donde las demandas se conducen con la verticalidad inherente a la función. Siempre que no haya un sindicato, como sucede en algunos países. Cabe preguntarse hasta qué punto y por qué los jefes ahora desplazados ignoraron esos reclamos para que estallaran con semejantes formas.De allí el riesgo que conlleva esa forma de protesta. Ni siquiera hicieron lugar a un espacio de diálogo después del anuncio de la suspensión del decreto. Por el contrario, lo endurecieron, y desafiaron aún más con la continuidad de las tomas de los edificios-sede. Protestas de este tipo, aun con la justicia del reclamo, suelen adquirir dinámicas impensadas, sobre las cuales suelen montarse, tras bambalinas, intereses que buscan, si no la desestabilización, al menos el desgaste institucional.