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Por qué será tan difícil que Cristina cambie

El interrogante se levanta sobre una convicción de distintos grados.

13 de agosto de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
Por qué será tan difícil que Cristina cambie

Una pregunta caracolea entre los empresarios tras la derrota sufrida por el Gobierno nacional en las primarias: ¿Qué va a hacer la Presidenta?

El interrogante se levanta sobre una convicción de distintos grados. Para unos, el "modelo" demanda, como mínimo, un service ; para otros, se necesitan cambios de fondo. Todo depende de la gravedad que cada uno asigna a la pérdida de competitividad de la economía, por un lado, y al ­deterioro fiscal, monetario y de infraestructura, por el otro.

La pregunta del millón es si Cristina Fernández reconocerá ese declive y hará algo o si, por el contrario, dejará que las cosas sigan su curso, apostando a que la economía le aguante los dos años que le restan de mandato. Los antecedentes indican que no hará nada.

¿Qué hizo en 2009? En 2009, cuando el kirchnerismo sufrió una paliza parecida a la del domingo, reaccionó ante todo garantizándose fondos para asegurar su posición por la vía del gasto público, cosa de financiar desde gobernadores e intendentes amigos a la empresa constructora de Madres de Plaza de Mayo, pasando por las llamadas organizaciones sociales o al imperio de medios de comunicación oficiales, paraoficiales y amigos.

El gasto empezó a crecer a tasas del 30 al 40 por ciento anual, muy por encima del crecimiento de la economía. Permitió, por ejemplo, mantener congeladas las tarifas, sobre la base de subsidios, para no malquistarse con los votantes, sobre todo los de Capital Federal y Gran Buenos Aires.

En parte, ese gasto se financió con “préstamos” crecientes de la Anses (poco antes se habían estatizado las AFJP) y del Banco Central. Después fue necesario reformar el Central para que le pudiera “prestar” aún más a la Nación.

También ahí empezó el Central a agrandar la base monetaria en porcentajes muy superiores al crecimiento de la economía. La inflación, que habían empezado a “dibujar” en 2007, comenzó a dispararse.

Para frenarla, el Gobierno optó por usar al dólar como ancla para los precios. El dólar oficial, que estaba a 3,81 pesos en octubre de 2009, tocó los 4,10 recién en junio de 2011. Comenzó a sentirse la falta de competitividad en las empresas, para exportar o para competir con la importación. El dólar empezó a verse como algo que estaba barato.

En síntesis, la derrota de 2009 llevó a una política económica expansiva por la vía del gasto público, que terminó corroyendo los famosos superávits gemelos (fiscal y comercial) de Roberto Lavagna.

¿Podría Cristina Fernández hacer lo mismo ahora? Sólo ella lo sabe. Lo que sí es claro es que las condiciones para intentarlo hoy son mucho peores que las de hace cuatro años:

En lo fiscal, por ejemplo: de enero a mayo de 2009, el déficit fiscal nacional acumulado en el período representó apenas 0,1 por ciento de los ingresos corrientes del Estado. Entre enero y mayo de este año, ­representó el 3,5 por ciento.

Y a la economía privada es difícil sacarle más. A fin de 2008, sólo la presión tributaria del Estado nacional era del 26,63 por ciento del producto interno bruto. A fin de 2012, llegó a 31,79 por ciento.

El 2 de agosto de 2009, las ­reservas internacionales del Banco Central sumaban 44.685 millones de dólares. El 2 de agosto de este año (último dato oficial) eran de 37.089 millones. En ese lapso, la base monetaria se multiplicó por tres.

Seguir regalando el gas a los votantes de las ciudades es cada vez más complicado. No sólo le cuesta un Perú al fisco. Destruye la producción. En el primer semestre de 2009, Argentina tuvo una balanza comercial energética superavi­taria de 1.855 millones de dólares. Acaba de cerrar un déficit semestral de 3.247 millones de dólares. Con el 54 por ciento de los votos embolsados en 2011, Cristina anunció la "sintonía fina" en los subsidios. Ni con todo ese respaldo se animó.

No sólo de economía vive el hombre. En 2009 el kirchnerismo podía ofrecer continuidad a sus socios. Néstor vivía. Y Cristina no se había “gastado” su reelección. Hoy el cristinismo es mucho menos atractivo.

Con mucho más poder, la Presidenta prefirió el peor de los ajustes –el automático, el de la inflación–, mechado con las ideas geniales de Guillermo Moreno, que duran dos semanas en promedio.

¿Por qué optaría por conducir políticamente ella un ajuste, justo ahora, cuando los problemas son mucho más profundos que en 2009 y ella está más débil que nunca? Tendría que desdecirse de tantas cosas. Hasta perder la identidad política creada estos años.

Mejor prender una vela ­para que no haya sobresaltos mayores hasta 2016. En todo caso, irá preparando la tradicional teoría del golpe de mercado, para justificarse ante su núcleo duro. El ADN K, lo sabemos, no admite errores.