Las palabras que te meten en cualquier cama
Una periodista suele bromear en las reuniones de planificación de la edición del diario: “Yo me ocupo de los temas relacionados con los hechos, vos los de los dichos”. Roberto Battaglino.
Una periodista suele bromear en las reuniones de planificación de la edición del diario: "Yo me ocupo de los temas relacionados con los hechos, vos los de los dichos". En realidad, más allá de la humorada, el dilema de acciones versus palabras y la supuesta supremacía de las primeras sobre las segundas es tan viejo como falso. La política implica una construcción compleja a partir de que entrelaza dichos con hechos, donde ninguno de los planos puede escindirse del otro. Se determinan, condicionan, limitan, dan marco. Aquel eslogan "obras, no palabras", usado por muchos gobernantes y popularizado en Córdoba por Ramón Mestre padre, encierra la trampa de que el mismo eslogan está construido justamente con palabras.El otro eslogan, no declamado ni admitido, de "palabras, no obras", tan caro a muchas administraciones y al bolsillo de los contribuyentes, es por cierto mucho más dañino y más extendido.Y las palabras, en todos los órdenes de la vida, suelen tener un efecto que genera tanto impacto como los hechos. Hay algunas palabras que, independientemente de que no sean las más pensadas, las más importantes, las medulares de un discurso, son las que se terminan clavando en el imaginario colectivo y condicionan futuros discursos y acciones del que las pronuncia.Ejemplos sobran, pero detengámonos en dos, uno próximo en el tiempo y el otro bien reciente. Ambos tienen como protagonista a intendentes de la ciudad de Córdoba.El 3 de septiembre de 2008, Daniel Giacomino dijo en la Casa Rosada, en medio de un largo discurso para cuestionar a su antecesor Luis Juez (flamante anti K) y resaltar las virtudes de la autovía Córdoba-Rosario: "Presidenta, tiene un intendente que la va a acompañar, que es un soldado de lo que usted dice. Soy un ferviente defensor del proyecto nacional, abierto y que busca el federalismo". Lo más importante de ese acto era que Juan Schiaretti volvía a la Rosada después de cortar relaciones con el kirchnerismo por el conflicto con el campo; pero lo que quedó fue el mote de "soldado" para Giacomino. En realidad, muchas otras ciudades del país y de la provincia de Córdoba se beneficiaron más con la discrecional billetera K, pero la categorización castrense le quedará para siempre al actual diputado nacional, tanto para la burla callejera como para el ataque político.El viernes pasado, Mario Pereyra indagaba en Juntos a Ramón Mestre sobre su relación con el gobernador José Manuel de la Sota. El intendente dijo: "Más allá de la decisión política, yo tengo que convivir. Y más allá de las diferencias, me tengo que poner de acuerdo con el gobernador. Cuántas veces tenemos diferencias con la persona con la que dormimos en la misma cama". No era lo más importante que dijo Mestre en esa entrevista y seguramente tampoco lo es respecto de su acción diaria como jefe municipal. Pero en el inconsciente colectivo cordobés seguramente quedará grabada la frase en la que Mestre habló de los vínculos maritales al referirse a su relación con el gobierno de De la Sota. La evocación de las relaciones carnales del canciller menemista Guido Di Tella para describir los vínculos con Estados Unidos fue una de las tantas que disparó. Las que disparará, en una Córdoba de reacciones verbales rápidas e ingeniosas, son impredecibles.Ese mismo día, De la Sota decía que iba a ser candidato presidencial si Dios lo decía. Antes, candidaturas y cargos solían depender más de los votos. Todas esas palabras terminarán condicionando los hechos.

