Oportunismos y costos
Schiaretti pensaba dar un golpe de efecto con el voto electrónico, pero no tiene margen para implementarlo. Javier Cámara.
En marzo pasado, un grupo de legisladores provinciales de distintos partidos viajó a Pinamar, invitado por la Cámara Electoral bonaerense, para presenciar la aplicación del sistema de voto electrónico para la elección del intendente de esa ciudad costera.
Peronistas y radicales cordobeses regresaron admirados de la "efectividad" del método puesto a prueba por la empresa Indra. Contribuyó con el entusiasmo por la experiencia informática la disconformidad que el sistema de votación con boleta única (impulsado por la Comisión de Expertos para la Reforma Política) había generado en intendentes y militantes peronistas y radicales, acostumbrados a hacer campaña y exigir el voto a través del reparto de las papeletas que imprimen los partidos y se han usado para sufragar durante décadas.
Ese entusiasmo llegó a oídos del gobernador Juan Schiaretti, en cuya gestión se advertían pocas posibilidades de iniciativa política, merced a la escasez de recursos que le había generado el endeudamiento con la Nación.
El impulso de una nueva reforma se le presentó al gobernador como una oportunidad de reafirmar el perfil renovador que él quiere para su administración, a pesar de que la primera renovación de la ley electoral todavía no había sido reglamentada.
El 6 de mayo, con un ojo puesto en la negociación de la deuda con la Casa Rosada, Schiaretti anunció que su gobierno impulsaría una prueba piloto de voto electrónico en Marcos Juárez para la elección del futuro intendente de esa ciudad. Y que no se descartaba que si esa prueba daba buenos resultados, el sistema se utilizaría para elegir gobernador en 2011. Durante las dos semanas siguientes, el voto electrónico ocupó parte de la agenda política, hasta que el Bicentenario y el programa de desendeudamiento de las provincias que anunció la Nación modificaron el escenario.
Con un respiro financiero que le devuelve cierta capacidad de iniciativa para la gestión, Schiaretti parece haber dejado de lado la aventura que implicaba reorganizar nuevamente el sistema electoral provincial, a un año de la elección y con un costo económico muy alto.
Sólo para tener una idea aproximada, viene al caso conocer que la votación electrónica en Pinamar, con sólo 60 urnas informáticas, costó 400 mil pesos, con un precio promocional de Indra.
En Córdoba, de acuerdo con lo que le dijo a este diario un experto en temas electorales del Poder Judicial, se necesitarían siete mil urnas electrónicas.
Aunque la estructura de costos para una votación no se define sólo por la cantidad de terminales informáticas (ésta es, sí, una de las variables más importantes), una regla de tres simple permite establecer que a Córdoba le costaría más de 46 millones de pesos.
Un costo demasiado elevado para una prueba electoral.

