Oportunidades y desafíos detrás de las caídas
Los radicales de Córdoba coinciden en que les quedan dos caminos por transitar en los próximos meses. Fernando Micca.
Los radicales de Córdoba coinciden en que les quedan dos caminos por transitar en los próximos meses. Primero, redoblar esfuerzos para ganar la Intendencia de Córdoba el 18 de septiembre venidero; luego, reorientar su estrategia como oposición política, para volver a generar expectativas en la sociedad. No es poco ni fácil, pero es imprescindible concretarlo.En la UCR, no sobra la autocrítica, pero el sol no se puede tapar con un dedo. El radicalismo salió tercero para gobernador el 7 de agosto pasado y segundo, con menos votos aún, en la primaria presidencial de hace dos días. La explicación de que la elección de Ricardo Alfonsín en Córdoba fue la mejor que hizo el partido en los distritos grandes no alcanza para consuelo, si se mira más allá de las paredes del comité. Un punto más o menos en el porcentaje no cambia la realidad: el partido retiene el voto duro radical pero no avanza en las franjas independientes, requisito necesario para volver a ser opción de poder. Con todo, hay desafíos que son oportunidades. Ramón Mestre está bien posicionado para disputar el poder en la ciudad y la UCR sabe que debe aprovecharlo. Cada elección es distinta de la anterior, lo que renueva las expectativas: así como no hubo reclamos de cambios en la provincia y en el país, sí lo hay en el municipio; y uno de los cambios posibles –hoy, el más instalado– es Mestre. A los radicales no se les escapa que es la oportunidad para recuperar poder y consolidarse en una estructura importante como el municipio, para volver a crecer. No tendrá la UCR otra ocasión en este turno electoral. La otra cuestión es lo que tendrán que remar después, en el Palacio 6 de Julio o desde la vereda. El radicalismo debe construir una base mínima de unidad, definir estrategias y unificar discursos para volver a cotizarse en el conjunto social. Como en los primeros tiempos del retorno a la democracia, cuando las internas existían pero no condicionaban ni debilitaban a la estructura partidaria. "Hay que abrir el partido", se escucha en la Casa Radical. Una condición básica pasa porque, al no haber liderazgos excluyentes, las mayorías de turno deben acordar antes que imponer y las minorías, sumar antes que condicionar. Del mismo modo, los compromisos de conjunto deben desplazar al sálvese quien pueda, del cual los intendentes son perseverantes cultores. El radicalismo gana y pierde municipios de todos los tamaños. Pero, para ser alternativa provincial, hace falta mucho más que ganar acá, salir segundo allá y jactarse de tener un comité en cada barrio.

