No usarás la foto del Papa en vano
El kirchnerismo es extremadamente eficiente para monopolizar en su discurso el ejercicio de las buenas intenciones.
El kirchnerismo es extremadamente eficiente para monopolizar en su discurso el ejercicio de las buenas intenciones.
“Cuando Néstor llegó”... tal cosa, es una construcción clásica de frases destinadas al equipo de “los buenos”. Para “los malos”, la Presidenta usa y abusa, por ejemplo, de los sujetos implícitos: los “algunos a los que les molesta la igualdad” o “los que se la llevaron toda” han ido decorando un escenario en el que ella y sus seguidores son honestos e idealistas defensores de los pobres. Redentores de barrios pauperizados por “la oligarquía”. Iluminadores de la ignorancia inducida por “los otros”.
Muchos han terminado creyendo eso con fervor. No se bajan ni un instante del caballo de la “entrega y el desinterés”. Desde esa altura extorsionan moralmente a los demás.
Por eso, el afiche de la Presidenta, el Papa y el candidato K en la provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde, debería ser muy incómodo para muchos que yo sé.
Para imprimir ese afiche hay que cometer muchos pecados:
Primero: Jorge Bergoglio no autorizó el uso de su imagen. Decí que es el Papa. Messi ya estaría buscando abogado para sacarles una fortuna.
Segundo (la incongruencia más señalada): hasta hace menos de cinco meses Bergoglio era casi un colaboracionista de la dictadura para muchos kirchneristas que solapearon al paso los manuales de Horacio Verbitsky.
Tercero: utiliza una frase que Bergoglio les dijo a jóvenes católicos, la mayoría de ellos brasileños, como si fuera un mensaje del Papa a los electores bonaerenses.
Pero hay un pecado mayor. El o la soberbio/a que ordenó imprimirlo mostró la hilacha de su condescendencia hacia los votantes. El enunciador da por sentado que “los sectores populares” desconocen que la Presidenta ninguneó a Bergoglio mientras pensó que le convenía hacerlo, que la frase no es para Insaurralde, que la foto fue contrabandeada. Y que, por lo tanto, no se van a dar cuenta del engaño. En el fondo, los desprecia.
El redentor de analfabetos funcionales ahora los estafa. Se alimenta de la ignorancia que presupone en ellos para inducirlos con trampa a que le cedan su ínfima cuotaparte de poder: el voto.
El último 25 de Mayo, cuando Fernández transformó el acto por los 203 años de la Revolución de Mayo en los fastos de los 10 años de kirchnerismo, todo regado con plata pública, masivizó un verbo que hasta entonces no era muy famoso: “empoderar”, que quiere decir “dotar o investir de poder”.
“Es necesario empoderar al pueblo”, dijo entonces la Presidenta toda seria, desde su estatua ecuestre.
Es un verbo difícil de pronunciar, tal vez por ser una castellanización reciente y forzada de un verbo gestado por otro idioma (en este caso, el inglés del siglo XVII). Pero qué bonito suena como lema. Incluso si después se hace exactamente lo contrario.

