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No cuentes lo que viste en los jardines

Charly, el anfitrión reciente, podría contarlo mejor: la canción del país de las maravillas ha concluido. En los jardines han comenzado a germinar sombras riesgosas. Edgardo Moreno.

24 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
No cuentes lo que viste en los jardines

Casi 300 saqueos en comercios de 40 ciudades del país hablan de un conflicto social irresuelto en la Argentina y si obedecieron a una vasta organización oculta al margen del poder del Estado, más bien lo califican por su imprevisión o impericia. En las horas póstumas del año político, lo que eran señales de alerta en el rumbo económico y en la descomposición de la coalición gobernante escalaron su riesgo hasta la violencia en las calles.Ninguna hipótesis absuelve la responsabilidad del Gobierno. Ha desconocido la envergadura de la marginalidad y la pobreza o la magnitud del delito.Otra vez, como en la tragedia de Once, la conducción se aisló en El Calafate. Sus vocerías ensayaron una salida cándida. Apuntaron a Hugo Moyano y la sonrisa del camionero jamás pudo ser más amplia. Venía de un cierre de año deslucido en Plaza de Mayo y aprovechó la inexperiencia del jefe de Gabinete para rematar de sobrepique al vértice del Gobierno.El poder no se declama, le espetó a la Presidenta: "Si somos responsables de esto; si tienen pruebas y agallas, vengan a detenernos".No se quedó ahí. Mientras la propaganda oficial improvisaba eufemismos para no hablar de saqueos, mostró el reverso de esa foto. Habló de Amado Boudou. Para sumarse al debate sobre el roboorganizado.Resulta verdaderamente sorprendente que el Gobierno haya ignorado lo que se venía. Su amplia red de liderazgos territoriales no pudo haberlo desconocido. O ya no reporta en oídos donde sabe, de antemano, que no será escuchada. En ese contexto, la suerte de los opositores es todavía peor. Habrá que conceder que en esta encrucijada histórica no les ha tocado el llano, sino el páramo.Durante meses, toda la atención de la Casa Rosada quedó atrapada en la batalla del 7 de diciembre –que como instancia simbólica pasó sin más efecto que las profecías mayas – y no hubo ninguna previsión táctica paraatravesar las típicas turbulencias de fin de año. Tampoco ningún avance parainiciar 2013 con las variables económicas bajo control. Si se repasa la actividadoficial, el único modesto anuncio, anterior a la Navidad, fue el regreso de la Fragata Libertad. Gentileza del Tribunal del Mar, porque el gabinete de ministros sólo contribuyó con el error. El sueño acabó. Y aunque se decrete el clima de jubileo para el anclaje veraniego en Mar del Plata, lejos está esa novedad de conmover en demasía a un país estragado por la inseguridad y la inflación. Desde la perspectiva de los problemas reales, el país está peor que hace un año atrás. Sus autoridades no lo reconocen y se niegan a analizar una salida. Ya existe una percepción de fracaso en el abordaje oficial de esos desafíos. Charly, el anfitrión reciente, podría contarlo mejor: la canción del país de las maravillas ha concluido. En los jardines han comenzado a germinar sombras riesgosas. Sólo queda por delante la reflexión humilde, la apertura generosa, la reconstrucción. O un paso más al frente hacia la voracidad de la crisis.Antes sólo hostigaban al palacio, ahora tambiénazotan en las calles. Son vientos de pendencia, frente a los cuales los argentinos se disponen, con pacífica insistencia, a preparar para sus familias la mesa de Navidad. Con sus panes bien ganados. Veteranos de ardientes emergencias. Empecinados, como dijo hace tres décadas Gabriel García Márquez, en el derecho de creer que todavía no es tarde para la creación de la utopía contraria."Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra".