Nada quedó de aquella antigua alianza
Las políticas para reactivar la economía y su consecuente creación de empleo, más una alianza con el dirigente con mayor predicamento del mundo sindical, entre otras cuestiones, posibilitaron que durante nueve años de gobiernos kirchneristas no hubiera ningún paro general.Horacio Aizpeolea.
Las políticas para reactivar la economía y su consecuente creación de empleo, más una alianza con el dirigente con mayor predicamento del mundo sindical, entre otras cuestiones, posibilitaron que durante nueve años de gobiernos kirchneristas no hubiera ningún paro general.
El tablero político, en los últimos tiempos, ha exhibido algunos cambios. La inflación se instaló como un actor protagónico (y estable en el tiempo), aparecieron índices preocupantes respecto al ritmo de la actividad económica (lo que produjo un parate en la tasa de empleo) y nada pero nada quedó de la vieja alianza sellada entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano. El primer paro nacional a un gobierno kirchnerista cayó, entonces, con pesada madurez.
Fragmentado el universo gremial en cinco centrales sindicales, tres de ellas apostaron al paro: la CGT de Moyano, la CTA de Pablo Micheli (con contactos tanto con el FAP como con la clásica izquierda sindical) y la CGT de Luis Barrionuevo, un antikirchnerista visceral. Para la jornada de protesta, sumaron a la Federación Agraria y a la Sociedad Rural, más un grupo pequeño de organizaciones sociales barriales.
Los piquetes y manifestaciones en los accesos porteños, sin trenes en el conurbano, ni actividad bancaria, portuaria o judicial, impactaron en la actividad de ramas productivas que, en un principio, no adherían al paro.
No es sencillo mensurar cuánto afectó el paro al corazón productivo del país. Pero circunscribir su impacto al efecto de los piquetes (300, según Micheli) puede inducir a errores políticos.
El paro de ayer tuvo implicancias simbólicas que lo transforman en uno de los hechos políticos del año. Esa fue la jugada buscada por sus promotores. La foto de la porteña 9 de Julio desierta es un gol para Moyano.
El gobierno chicaneó a los sindicalistas en huelga por sus nuevos aliados. Desde el análisis político, el tácito pacto opositor sellado entre Moyano, Micheli, Barrionuevo, Buzzi y la Sociedad Rural habilita los comentarios más variados.
De todos modos, y aun considerando la heterogeneidad ideológica y política de los protagonistas de la jornada de ayer, el paro los tuvo a todos juntos, y este es otro dato nuevo que no existía hace un año en la política criolla.
Hace un año tampoco se preveía que el malhumor de las clases medias con el Gobierno nacional se tradujera en una masiva movilización, como ocurrió el 8-N.
Hace un año, De la Sota aún mantenía una tregua, pese a sus diferencias con la Casa Rosada. El Gobierno, mientras tanto, insiste en que el 54 por ciento del apoyo conseguido, también hace un año, se mantiene incólume.
Esta premisa parece estar en jaque. Ayer, Facundo Moyano asumió una confesión incómoda: “Es mi primer paro general desde que soy líder gremial y no pensé que iba a ser con este gobierno”.
Hace tan sólo un año, Facundo Moyano era elegido diputado dentro de una lista kirchnerista. En 2013, las urnas volverán a escena y se sabrá finalmente el correlato concreto del 8-N y del paro de ayer con los votos.
Cristina Fernández de Kirchner adelantó ayer algo al respecto: “Si estoy equivocada, el pueblo con su voto va a decidir qué otro modelo o qué otro proyecto quiere seguir”.

