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"Los límites surgirán del propio justicialismo"

Roberto Lavagna, ex ministro de Economía. Considera que la sociedad está dividida y que el gobierno es autoritario. Cree quehay varios gobernadores que buscan acotar el poder de Cristina y minimiza el rol de De la Sota.

09 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Horacio Serafini y Horacio Aizpeolea
"Los límites surgirán del propio justicialismo"
Anotado para 2013. “Hay demasiada gente metida en política que se borra. No es mi caso”, dice Lavagna (DyN).

En abril pasado se cumplieron 10 años de la llegada de Roberto Lavagna al Ministerio de Economía. Lavagna, 69 años, tiene su oficina en un cuarto piso que da la avenida 9 de Julio, desde donde se ve el Obelisco."Aquel gobierno tuvo el acierto de fijar un rumbo para salir, contra todos los pronósticos internacionales, y la sociedad acompañó con su esfuerzo. La sociedad se cohesionó en el proceso de salida de la crisis post -2001", repasa.A su entender, esa cohesión se rompió: "Hoy veo una sociedad profundamente dividida entre un gobierno cada vez más autoritario y, enfrente, gente cuya única propuesta es 'que se vaya el gobierno'. No hay ninguna sociedad tan dividida en el mundo que progrese". –¿Cómo se rompe esa lógica? –Trabajando por una gran convocatoria a un centro amplio que es donde está el grueso de la sociedad argentina y tratando de aislar a los elementos más radicalizados de esa derecha conservadora y retrógrada, y de esa izquierda irresponsable. –En los cuestionamientos del gobernador De la Sota al Gobierno nacional, ¿ve una referencia al centro político? –Prefiero no hacer nombres. Creo que el justicialismo tiene un papel en ese sentido. No habrá solución ni posibilidad de organizar un centro amplio y progresista si no hay un gran sector del justicialismo adentro. No digo que sea exclusivo. Incluyo en este centro-progresista a lo que fue la Concertación UNA de 2007, con el radicalismo. Todavía no se da porque el Gobierno pone mucha presión sobre los justicialistas que están en función y sobre los que no lo estamos. –¿Cómo se eleva la discusión política cuando la mayor responsabilidad es del Gobierno? –Creo que desde sectores del justicialismo. Si el justicialismo aplaudidor de hoy deja de aplaudir y tiene el coraje de empezar a decir algunas cosas, seguramente ese va a ser un límite. Este gobierno, más allá de su cháchara izquierdista, sin el justicialismo no gana elecciones. –¿Cree que el gobernador de Córdoba pretende establecer límites con el gobierno desde el justicialismo? –No es el único, hay varios… –¿Otros gobernadores? –No es el único (De la Sota), insisto, hay varios… –Pese a sus críticos, el Gobierno parece estar fuerte. En el Día de la Industria, la Presidenta reunió a los 1.500 industriales más poderosos. –Sólo le sirve publicitariamente, pero no para frenar la salida de capitales. Los mismos industriales que estaban ahí sentados sacan capitales de la Argentina. –La Presidenta dijo que no hay atraso cambiario. ¿Lo comparte? –Por supuesto que no. También dicen que no hay inflación, ni déficit fiscal. Tampoco déficit en la cuenta en dólares, mientras restringen las importaciones. El atraso cambiario no se resuelve con una devaluación, sino con un programa económico y social consistente y coherente. –Usted dijo hace poco que estamos viviendo un "Rodrigazo en cuotas". –El "Rodrigazo" fue un fenomenal aumento de tarifas, con desdoblamiento de un dólar turístico, otro financiero, otro comercial, con una gran devaluación y menor ajuste de los salarios. Ahora hay 300 por ciento de aumento en gas que aún no llegó al minorista; una devaluación de 35 a 40 por ciento, que es la brecha entre el dólar oficial y el paralelo; una suba de las valuaciones inmobiliarias que implican una fuerte suba de impuestos. –Pero son tiempos distintos a los de 1970. –Desde el punto de vista político, sí, pero no desde el punto de vista económico. Aquel ajuste lo hizo el gobierno nacional de una sola vez. Ahora es en cuotas, tratando de tirarles el muerto a los gobernadores y a los intendentes para que no parezca que lo hace el Gobierno nacional. Pero el efecto sobre el ciudadano es el mismo. –¿Cree que el Gobierno tiene en su agenda la re-reelección? –Sí, por supuesto. Y esto no haría más que llevar al punto extremo la división de la sociedad. No encuentro un solo elemento que muestre que el Gobierno se da cuenta de que ha llevado las cosas demasiado lejos y de que está en el interés del país y del propio gobierno abrir un poco el diálogo, la búsqueda mínima de ciertos consensos. Una cosa es ser un politólogo esperando la jubilación inglesa (por Ernesto Laclau, muchas veces citado por los Kirchner) y diciendo que la política es conflicto, y otra es gobernar un país de verdad. No se gobierna sobre la base del conflicto. –¿Qué se debe hacer? –Retomar el rumbo. Hubo un programa y una política Duhalde-Lavagna-Kirchner, y otra, Kirchner-Kirchner. Los resultados de la primera, según mi punto de vista, son muy superiores a los de la segunda. –¿Será candidato en 2013? –En Argentina hay demasiada gente metida en la política que se borra. No es mi caso. Yo tengo la misma decisión, el mismo compromiso y la misma voluntad que en 2002 y que en 2007. Después están las circunstancias. Si no tuviera la voluntad, la decisión y el compromiso, no estaría diciendo las cosas que digo, que siempre me generan algún tipo de dificultad, por decirlo con elegancia.YPF"YPF nunca debió haber dejado de ser del Estado ni mucho menos haberlo dejado en manos de una pésima compañía como Repsol. Siempre estuve en contra de lo que hicieron. Algunos de los que están en el gobierno fueron los encargados de la defensa de la privatización. Ahora hubo una buena decisión, que es traer gente profesional. Aunque luego hubo una serie de mecanismos, como ese decreto para coartarle la capacidad de maniobra, que se parece a la sovietización del sector energético".El llamado a GinebraEn su libro Trece meses cruciales, recuerda cuando recibió el llamado urgente de un secretario del entonces presidente Eduardo Duhalde para que viajara a Buenos Aires. Lavagna estaba en Ginebra, representando al país ante la Organización Mundial de Comercio. "Aquello fue un final de régimen, como fue el de la convertibilidad, con un costo social y económico fenomenal para el país", recuerda.Más información- La difícil alquimia...