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La soledad del poder es abrumadora cuando se padece debilidad política

Los 15 meses degestión que le quedan, el intendente Giacomino puede utilizarlospara cambiar el rumbode su gestión o persistiren los errores y ponera la ciudad en los umbrales de unacrisis institucional. Julián Cañas.

25 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
La soledad del poder es abrumadora cuando se padece debilidad política

Quienes algunas vez ocuparon cargos importantes, donde cada decisión puede afectar a mucha gente, no dudan en asegurar que la soledad del poder es traumática. El intendente Daniel Giacomino está escribiendo un capítulo superador de esta máxima: la soledad es más abrumadora aún cuando se padece debilidad política en el ejercicio del poder. Todo parece indicar que luego del desaguisado por la designación de la nueva conducción de la Tamse, el intendente siguió el consejo que le acercó un veterano dirigente radical, a través de un emisario: "Para la pelota, tomate el fin de semana para decidir al nuevo presidente de la Tamse. Otro error y no te quedará otro camino que la renuncia", palabra más, palabras menos, fue el mensaje que esta vez Giacomino escuchó con suma atención.La debilidad política no es una enfermedad que llega por un golpe de mala suerte: se construye con desaciertos. Giacomino cometió un rosario de errores en los últimos meses –algunos rozando el papelón– que lo llevaron a esta situación de extrema fragilidad política.Otro acto fallido lo dejarían al borde de una renuncia irremediable.Sin un partido que lo respalde y con funcionarios que piensan más en su futuro político que en la gestión, el intendente intentará este fin de semana reordenar a su diezmada tropa para encarar los últimos 15 meses de gestión.Por algún tiempo postergará su intento de pedir a la justicia que lo habilite para ir por un segundo mandato. "Seríamos el hazmerreír de los cordobeses", admitió un asesor municipal, con llegada al intendente.En la intimidad, Giacomino no es original al achacarle gran parte de la culpa de los males de su gestión a los periodistas. Considera que está pagando el costo de ser kirchnerista en Córdoba. Un argumento débil como su poder político.El enojo con los medios, tal vez, le sirva como excusa interna para esquivar una reparadora autocrítica, que lo ayudaría más que en buscar culpables para una realidad incontrastable.En medio del naufragio de su administración, dicen que el intendente no pierde el optimismo. Considera que en los próximos días, una vez que logre confirmar una conducción en la Tamse, el temporal pasará y conseguirá algo de oxígeno político que hoy le es indispensable. Si corren el telón de los escándalos por errores propios, en el Palacio 6 de Julio creen que asomará el rédito por algunas obras que están en marcha, más otras que llegarán, según prometieron desde la Casa Rosada.El optimismo sobre su futuro político, Giacomino lo asienta en un convencimiento: siente que es quien más daño político puede causarle a Luis Juez y piensa hacer valer esta situación en el escenario electoral del año próximo.Parte de razón tiene en este sentido. En plena campaña electoral para las elecciones legislativas del año pasado, Giacomino instaló la discusión por el número de agentes que el juecismo hizo ingresar al municipio y el ex intendente perdió más de 10 puntos en la Capital.Sin dobleces, Giacomino ató su futuro al kirchnerismo, y por añadidura al PJ cordobés. Los constantes salvatajes financiero y las obras en la ciudad que inaugura el gobernador Juan Schiaretti no son decisiones ingenuas. Los peronistas también consideran que el intendente les puede servir en la ambición de retener el poder provincial, erosionando a uno de sus opositores.Más allá de las suspicacias, a Giacomino le quedan 15 meses de gestión. Un tiempo que puede servir para cambiar el rumbo o persistir en los errores y poner a la ciudad en los umbrales de una crisis institucional.