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La propuesta "noventista" de la Presidenta

La Presidenta propuso que los graduados hagan un aporte especial para financiar becas. Adrián Simioni.

02 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La propuesta "noventista" de la Presidenta

La presidenta Cristina Fernández alimentó ayer los aprontes para el diálogo social antiinflacionario que impulsa su gobierno con un par de comentarios ya conocidos. Básicamente, insistió en el planteo oficial según el cual la inflación obedece a la excesiva rentabilidad empresarial y, por ende, podría morigerarse aplanando la tasa de ganancia.El argumento es prolijamente ignorado por la mayoría empresarial, para la que no tiene ni ton ni son. Los empresarios derrumban el argumento con un par de preguntas. Por un lado, ¿qué pasa en los períodos o en los países en los que no hay inflación? ¿Es que cambia el humor de las empresas que se ponen menos codiciosas y deciden ganar menos? Por el otro, si fuera cierto que la rentabilidad es tan alta, ¿por qué no aparecen miles de empresarios/inversores/competidores nuevos dispuestos a apropiarse de esa tajada, con lo cual la rentabilidad se reduciría?Sin embargo, más allá de estos planteos destinados a confirmar a sus adherentes que Cristina Fernández sigue siendo la de siempre, la Presidenta dio algunas señales nuevas.Una de ellas fue su alusión al financiamiento del sistema universitario, un bloque social importante en el que el Gobierno cosecha amplios apoyos. Ese bloque defiende a ultranza la gratuidad de la enseñanza de grado. Y siempre ha resistido con éxito cualquier intromisión en su autoadministración. Ayer, la Presidenta propuso que los graduados hagan un aporte especial para financiar becas, un modo de sostener el presupuesto de ese sector.La saga que protagonizó el cordobés Hugo Juri cuando fue ministro de Educación de la Nación, al inicio de la presidencia de Fernando de la Rúa, cuando al Estado no le sobraba plata, demuestra esa habilidad.Juri empezó más o menos como la Presidenta ayer, proponiendo abrir un debate sobre el financiamiento universitario. De inmediato le dijeron que ni se le ocurriera arancelar. Entonces, alguien propuso que los estudiantes recibieran un crédito, a devolver una vez graduados. Se escuchó un monolítico "no". Se planteó luego que los graduados universitarios pagaran, una vez recibidos, un impuesto especial. Tampoco. Alguien mejoró al extremo las cosas en términos de equidad: sugirió que los graduados pagaran una sobretasa del impuesto a las Ganancias, de manera que los profesionales que no tuvieran trabajo no pagaran nada y los restantes pagaran más cuanto más ingresos tuvieran. Ni siquiera eso fue aceptado, por más contradictorio que parezca con todo el resto de las proclamas progresistas. Juri renunció poco después por no estar de acuerdo con otras políticas que implicaban el arancelamiento liso y llano, con el que no estaba ni está hoy de acuerdo.La universidad siguió financiándose como siempre. Entre otras cosas, con una porción del IVA que tributan las empleadas domésticas –de las casas en las que viven muchos universitarios– cuando compran alimentos para sus hogares. Después se financió con un recorte del 13 por ciento de los sueldos universitarios y más tarde con el golpe inflacionario de 2002, que redujo el poder de compra de los salarios universitarios mucho más que un 13 por ciento. Hoy sigue financiándose con rentas generales.Para los rectores, la propuesta presidencial puede llegar a ser un dolor de cabeza. Hasta ahora, sus bases de sustento electoral, en particular estudiantiles, han sido impermeables a estas ideas.