"La división debilita el reclamo que comparten todos los sectores"
Para el experto, con la dispersión del poder sindical pierde potencia la demanda por asignaciones familiares, Ganancias y los fondos de las obras sociales.
Si alguien conoce la historia, los logros, los fracasos, los métodos y las rencillas de la vida sindical argentina y sus consecuencias, esa persona es Lucio Garzón Maceda. Ayer, consultado por este diario, dijo que la nueva división de la CGT "debilitará el reclamo" con el que, paradójicamente, coinciden las cinco centrales sindicales que ahora hay en el país: la suba de las bases para la percepción de las asignaciones familiares y para tributar el impuesto a las ganancias, y la restitución de los fondos para tratamientos médicos de complejidad a las obras sociales. –¿Qué traerá aparejada la fractura de la CGT? –Antes que nada hay que decir que la fractura se da en el tercer nivel del sindicalismo: el nivel dirigencial, el de la CGT. En el primero y segundo niveles, esto es, los sindicatos y las federaciones, no hay fractura. Los sindicatos siguen como antes, con sus negociaciones colectivas, con sus personerías y nada ha variado. La división es a nivel de cúpula, a nivel de la central sindical que, en el sistema argentino no negocia los salarios para todas las actividades, aunque sí interviene en la discusión por el salario mínimo. En resumen, no hay consecuencias directas en lo formal. La CGT, en ese sentido, tiene un valor simbólico. –Pero hay consecuencias, digamos, en la política sindical, en la relación de los trabajadores con el Gobierno nacional... –Como dije antes, la CGT tiene importancia en la discusión del salario mínimo, aunque ahora esa importancia es relativa porque hay pocos trabajadores que perciben el salario mínimo. En lo que sí podría pesar esa fractura es en el caso eventual de que el Gobierno decida convocar a un acuerdo social que se hace necesario cuando hay inflación, cuando disminuye la productividad, etcétera. Si eso se da, todas las partes deberían estar representadas y ante esta dispersión de la representación sindical pueden surgir inconvenientes a la hora de fijar lineamientos generales para todos los trabajadores, como por ejemplo el porcentaje de aumentos de salarios. –Va a ser complicado que se pongan de acuerdo si están los "amigos" y los "enemigos" del Gobierno... –Pero fíjese que, de pronto, en Argentina han aparecido tres problemas que son comunes a todos los trabajadores y que reconocen todas las centrales sindicales: las asignaciones familiares que las cobran muy pocos; el Impuesto a las Ganancias que lo pagan un montón de trabajadores; y los fondos de las obras sociales. En este contexto, hubiera resultado útil tener una sola central sindical que llevara adelante la batalla por esos reclamos. Planteado así, puede ser que a alguien le convenga dividir. Lo paradójico es que a todos les convenía pugnar por esos puntos. Entonces llegamos a la conclusión de que las razones de esta división están en los intereses particulares de los dirigentes, porque salvo en el caso del gremio de Camioneros, ningún trabajador ha sido consultado sobre estos temas. –Más allá de quien lo encabece, ¿coincide con que el reclamo se debilita? –Sin duda que se debilita. Si se debilita el poder expresivo de un planteo, en este caso el poder sindical, sin duda pierde potencia el planteo mismo. –¿Cómo afectará al mercado laboral? –Los gremios chicos no podrán defender el empleo y su salario sin la fuerza de una central que negocie por todas las actividades. Además, será difícil un acuerdo o pacto social para bajar la inflación.

