Temas del día:

"La actitud de Menéndez y Videla es de una soberbia absoluta"

Así se manifestó Jaimke Díaz Gavier cuando se le preguntó sobre los discursos que dieron esos represores durante el juicio.

24 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
"La actitud de Menéndez y Videla es de una soberbia absoluta"

El juez federal Jaime Díaz Gavier presidió el Tribunal Oral N° 1 en los tres juicios que se han ventilado en córdoba por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y que terminaron con Luciano Benjamín Menéndez condenado a prisión perpetua. El miércoles leyó la sentencia de rigor en la que también fueron alcanzados por esa pena el dictador Jorge Rafael Videla, el ex comisario de la Policía Carlos Yanicelli y otros 13 represores. Sin embargo, quedó un sabor amargo en muchos por las absoluciones a los militares César Osvaldo Quiroga y Francisco D'Aloia, que habían llegado al juicio acusados por el crimen del militante peronista Miguel Hugo Vaca Narvaja. Durante una entrevista con La Voz del Interior , Díaz Gavier se refirió ayer a esa instancia controvertida del proceso. "Usted sabe que el sistema jurídico y procesal funciona de manera tal que el juez solamente puede condenar cuando no tiene nada más que una conclusión a la que arribar de manera de inculpar a una persona que está acusada de ese delito. Si hay alguna posibilidad de que los hechos pudieran haber sido de otra manera, tengo la obligación legal de absolver, porque eso significa que yo tengo una duda y esa duda es insuperable. Se produjo de esta manera o pudo producirse de otra manera", comentó el magistrado. –Pero, según sostiene la Fiscalía, había pruebas muy fuertes para condenar a Quiroga a perpetua. – Había algunos indicios significativos, como que Quiroga retiró (de los lugares de detención) con su firma y con su nombre a personas que después iban a ser muertas. Entonces, el tema es saber si Quiroga conocía, o no, cuál iba a ser el destino final de las víctimas que cuando él retiraba formalmente era para ser trasladadas a un Consejo de Guerra de los que funcionaban en la época. –¿No se llegó a la certeza sobre si Quiroga sabía, o no del destino de las víctimas? –No tuvimos, y a esto el Tribunal lo resolvió por unanimidad, elementos suficiente para decir si él sabía o no. Pero la absolución de Quiroga, como las otras, revela que estamos ante un Tribunal que tiene normas y reglas para valorar y apreciar la prueba. No estamos funcionando como desgraciadamente ocurría en aquellas épocas, donde la sola voluntad de un señor determinaba si usted conservaba o no su libertad. –¿Puede ser que en este juicio se esperaban algunas condenas "cantadas" y por ello sorprendieron algunas absoluciones? –Es expresión de que este sistema funciona. No es que absolviendo a uno vamos a demostrar que somos equitativos y equilibrados; pero sí es expresión de que el sistema funciona realmente. Yo tengo que decirle que no tuvimos elementos de prueba que realmente nos dieran la convicción y certeza de que esta persona era responsable del delito que se le imputaba. –Hay una parte de la resolución que dice, para cada delito, "agravado por la condición de perseguido político de la víctima". –Es un agravante de la pena cuando se acredita esa condición de perseguido político. Es decir, las víctimas eran todas militantes de distintas organizaciones políticas, aun cuando pudieran ser consideradas subversivas conforme al criterio de la época o de quien ejercía la autoridad. Eso no habilitaba a la comisión de delitos como el secuestro, la tortura o el asesinato. Entonces, es un elemento agravante porque es una forma discriminatoria perseguir a alguien por sus ideas políticas, como podría ser por sus ideas religiosas o por su raza, como ocurrió durante el nazismo. –¿Qué siente desde su lugar de presidente del Tribunal cuando hacen uso de la palabra Menéndez o Videla y reivindican los excesos del terrorismo de Estado? –Los oigo con mucha atención. Me provoca una absoluta disconformidad y asombro que personas que están imputadas de ese tipo de delitos no tengan la más mínima expresión crítica, o al menos que admitan que fueron episodios dramáticos ocurridos en una época de confusión donde se habían alterado valores. No hay la más mínima admisión de nada. Es simplemente decir, 'todo lo hicimos bien, todo está en orden y no tenemos de qué arrepentirnos ni por qué pedir perdón'. Me provocan asombro. Todos nos replanteamos episodios en nuestras vidas y algo nos criticamos, pero la actitud de esta gente es de una soberbia absoluta. –Se rumorea que dejaría la magistratura para postularse a un cargo electivo. –No. Algunos amigos que saben de mi antigua vocación política (militó en el peronismo) pensaron que podría promoverse mi nombre para algún cargo, pero no hay absolutamente nada. Voy a seguir acá.