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El reconocimiento, lo pendiente y la gran decisión

El poder de la chequera nacional para tentar a gobernadores e intendentes los condiciona tanto que daña el sistema de partidos, cuyo deterioro se lamenta hoy. Fernando Micca.

01 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
El reconocimiento, lo pendiente y la gran decisión

Tal vez por la fuerza de los momentos trascendentes, la figura de Néstor Kirchner es altamente valorizada por parte de la sociedad en estas horas. Sus seguidores lo honran con devoción, sus adversarios oscilan entre el respeto y el elogio. En todos los casos, el reconocimiento está a la vista. El ex presidente muerto dejó su impronta en los siete años y medio que pasaron desde que llegó en 2003 a la Casa Rosada. Son varios los logros de magnitud que se le reconocen: la salida de la crisis, mérito compartido con su antecesor Eduardo Duhalde; el crecimiento económico; la vocación por la justicia social, que llevó a una sensible mejora de los indicadores socioeconómicos si se los compara con los de la crisis de 2001; el fortalecimiento de la figura presidencial; la revalorización de la militancia política, luego de más de una década de anestesia, y el impulso a la unidad regional, aun en el marco de una política exterior desordenada. No es poco, sobre todo si se recuerda de dónde venimos.A la vez, quedan objetivos por cumplir, que en algunos casos parecen materias pendientes más por carencia de vocación para llevarlas adelante que por falta de condiciones objetivas para hacerlo.La calidad institucional es una de éstas, con el aditamento de que fue una de las promesas del oficialismo para los tiempos de Cristina. Es difícil plasmar esa calidad cuando, en lugar de diálogo y búsqueda de consenso, lo que hay es vocación por confrontar e imponer, con la inevitable consecuencia de la división. Tampoco pudo el Gobierno evitar las sospechas crecientes de corrupción por la acumulación de denuncias y la modorra judicial para actuar en la mayoría de los casos –no en todos-; lejos quedó la celebrada renovación de la Corte Suprema.Urge también avanzar hacia un federalismo que el país nunca tuvo pero que en estos años se evalúa más lejano que nunca. El poder de la chequera nacional para tentar a gobernadores e intendentes condiciona tanto a los gobernantes del interior que, incluso, daña el sistema de partidos, cuyo deterioro se lamenta hoy.La Presidenta deberá decidir la impronta para los 13 meses que le quedan de mandato. ¿Buscará abroquelarse con los suyos luego de la exhibición de fuerza que realizó en el velatorio de Néstor Kirchner, para seguir confrontando? ¿Intentará una apertura al consenso, que signifique conciliar hacia adentro del PJ y dialogar con la oposición? ¿O tal vez procurará concretar lo segundo sin renegar totalmente de lo primero?Sostener un proyecto de gobierno con firmeza y, a la vez, promover el diálogo y el consenso es perfectamente compatible. En toda democracia hay circunstancias para negociar y momentos para confrontar. Una cosa no quita la otra.