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Dos siglos de fatales antinomias

Los enfrentamientos que son parte constituyente de la historia argentina, desde la Primera Junta hasta nuestros días.

23 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Diego Dulce (Agencia DYN)
Dos siglos de fatales antinomias

Buenos Aires. Los 200 años de historia política de la Argentina están marcados a fuego por la obstinada presencia de antinomias que polarizaron al país y que fueron el origen de las mayores confrontaciones violentas entre argentinos que sólo en el siglo 19 dejaron más de cien mil muertos.

El término "antinomia", para nuestro caso, expresa la existencia de dos proyectos políticos, distintos y contradictorios, que dividen a la sociedad en bandos irreconciliables, anulan la negociación y buscan el predominio de uno sobre otro.

A lo largo de los 200 años se fueron produciendo antinomias de distinta intensidad: algunas tuvieron un larga permanencia, mientras que otras ocuparon la atención unos pocos años y después fueron absorbidas por nuevas emergencias políticas.

La antinomia más fuerte fue "civilización y barbarie", con la que Domingo Faustino Sarmiento definió su preferencia por los valores y aspiraciones de los hombres de ciudad, el unitarismo, contra las formas de vida "bárbaras" de los habitantes del campaña pastora y el interior, el federalismo.

En la Primera Junta, del 25 de Mayo de 1810, anidó la primera antinomia: "morenistas" o "saavedristas". Los dirigentes se polarizaron entre Cornelio Saavedra, líder de los sectores que no estaban buscando cambios políticos profundos; y Mariano Moreno, un abogado conocedor de las ideas republicanas, que intentaba dar un rápido giro hacia la autonomía.

Antes del año, Saavedra había sido alejado por Moreno de Buenos Aires rumbo al Ejército del Norte y Moreno moría misteriosamente en alta mar camino a Gran Bretaña.

En poco tiempo estallaron las disputas de poder entre los delegados del Interior y los de Buenos Aires, que llegaron a su máxima expresión a partir de 1820 con la polarización entre federales y unitarios y su derivación en una guerra civil de poco más de medio siglo.

Sacado Rosas de escena, los unitarios se hicieron fuertes en la ciudad del puerto, desconocieron el gobierno federal surgido de la Convención Constituyente de 1853 y crearon el Estado de Buenos Aires, segregado de la Confederación Argentina, hasta que su triunfo en la batalla de Pavón en 1861 dio marco formal al predomino de los porteños sobre las provincias.

Sin embargo, la antinomia que hacía confrontar a porteños y provincianos sobre quiénes debían administrar los ingresos de la aduana, recién tuvo su corte recién en 1880 cuando Buenos Aires fue derrotada por las armas y la ciudad, declarada Capital de la República. Con ella terminó la etapa de 60 años de guerra civil y comenzó el cuarto de siglo de gobiernos de la Generación del 1880, de signo conservador y fraudulento.

Hacia 1900, comienza a cobrar fuerza la antinomia que enfrentará durante 40 años a conservadores y radicales. Surgidos del seno de familias federales, Leandro Alem y su sobrino Hipólito Yrigoyen liderarán la disputa política e incluso rebeliones armadas contra "el Régimen", hasta que las elecciones de 1916, la primera con voto universal masculino y secreto, consagrará a Yrigoyen.

Los conservadores volverán con el golpe militar del general José Félix Uriburu de 1930 y manejarán el Estado durante los 13 años de Década Infame con la proscripción de la Unión Cívica Radical y la apelación al fraude para mantener a sus representantes en el gobierno.

En 1943, el sector nacionalista del Ejército desplazó al conservador Ramón Castillo y encargó al coronel Juan Domingo Perón de las relaciones con los sindicatos, a través de la Secretaría de Trabajo.

Su actuación y el eco que recibió de parte de los trabajadores abriría en pocos años una nueva antinomia nacional: peronismo y antiperonismo, que se extiende hasta estos días, aunque carezca hoy de la intensidad de las primeras épocas. El peronismo es para sus partidarios como sinónimo de justicia social, el antiperonismo lo combatió con reclamos de libertad y respeto a la República.

Los enfrentamientos políticos fueron de gran dureza durante el segundo gobierno de Perón y la Revolución Libertadora. A partir de 1955 gobernaron distintas expresiones de antiperonismo pero todas terminaron por caer en desgracia ante el poder militar y el peronismo que resistía.

Perón regresó en 1973 en medio de una extremadamente violenta disputa poder interno en el movimiento que creó, realizó gestos de conciliación con los viejos adversarios radicales, pero murió antes de un año.

La democracia -que volvió al país en 1983 tras un desgarrador baño de sangre, el fracaso de la gestión militar y la derrota de Malvinas- replanteó la antinomia como la expresión del peronismo versus el radicalismo y le dio el triunfo a la UCR. Pero, la salida anticipada de Ricardo Alfonsín fue disminuyendo el impacto de la alternativa radical, que llegó a su expresión más baja con el retiro de Fernando de la Rúa. Desde entonces reinaron las antinomias internas del peronismo.