Las dos caras de la derrota del desenfado
La segunda bofetada fue más dura que la primera. La derrota de Luis Juez no admite discusiones y no le deja margen para el pataleo. Eduardo Bocco.
La segunda bofetada fue más dura que la primera. La derrota de Luis Juez no admite discusiones y no le deja margen para el pataleo, acción en la que habitualmente se mueve con bastante comodidad. El peronismo lo derrotó con total contundencia. La victoria delasotista o, desde otro lugar, la derrota de Juez, tiene una serie de causas. La primera, probablemente, tenga que ver con que la sociedad del interior provincial no digiere ni el mensaje ni mucho menos el estilo de Juez y sus principales colaboradores.El Frente Cívico volvió a perder por paliza en el interior, en especial en la amplia "pampa gringa", a pesar de que el ex intendente de Córdoba había jugado fuerte a favor de los productores durante el conflicto con el campo y sacado algún supuesto rédito ante el rol menos activo del ganador de la elección provincial de ayer.Juez pensó que a partir de ese momento se provocaba un clic en su inserción en la Córdoba de tierra adentro y ya comenzaría a perforar zonas que van más allá de Capital y el Gran Córdoba.La "pampa gringa" le volvió a decir no al referente principal del Frente Cívico. Sondeos cualitativos en el interior permiten inferir que el estilo irreverente de Juez, más allá de los chistes, es visto como un gesto antipático, procedente de alguien poco creíble.Probablemente advertido de esa situación y de que su mensaje rebotaría contra un muro fuera de Córdoba, el candidato opositor intentó cambiar el estilo. Se lo vio muy tranquilo, evitando las peleas y sin opinar sobre cuestiones puntuales en las que el Gobierno provincial y el peronismo estaban involucrados.El cambio repentino seguramente no fue bien visto en esos votantes que, ante las dudas, decidieron darle la espalda y no salir de las dos propuestas tradicionales, por llamarlas de alguna manera: José Manuel de la Sota y Oscar Aguad.Lisa y llanamente, no le creyeron.El otro punto gris para el juecismo es el departamento Capital, donde en otros tiempos arrasaba. Esta vez obtuvo una victoria muy acotada sobre el justicialismo. En el principal bastión del Frente Cívico, ese triunfo bien puede ser interpretado como una derrota, porque aquí estaban centradas las expectativas de Juez para contrarrestar la andanada de votos peronistas del interior. Su ventaja no es la de otros tiempos, cuando arrasaba. Hoy, su performance en la ciudad de Córdoba estuvo muy por debajo de las expectativas. Hace cuatro años, en su pago chico había sacado 52 por ciento de los votos, cuando intentó llegar a la gobernación. En su segunda incursión en las urnas para ser gobernador, estuvo casi 20 puntos abajo.Allí hay que buscar el corazón del fracaso electoral. La ciudadanía de la capital provincial no le renovó el crédito al candidato que pasó de ser un personaje desopilante y disparatado a un hombre con gesto adusto y de pocas pulgas. El propio Juez lo advirtió y anoche fue el primero en admitir la dura derrota que le propinó De la Sota, a quien felicitó pero no nombró. Es un rasgo del estilo pendenciero que lleva adentro.Lo concreto es que la gente no le creyó a Juez. Ni en el interior, ni en Capital. Prometió ser un opositor leal, que es lo mismo que ser un opositor duro. Ese es su lugar, hoy.

