Desde Unasur, en busca de un lugar entre los emergentes
El fortalecimiento de los organismos de integración regional y la sintonía con Brasil como estrategia de bloque ante los desafíos globales seguirán como prioridades en política exterior, dijo la Presidenta. Marcelo Taborda.
Cristina Fernández de Kirchner lo repitió cuanto pudo: la apuesta primordial de la Argentina seguirá siendo el fortalecimiento de la integración en espacios como el Mercosur o la Unión de Naciones Suramericanas, cuya secretaría ejercía Néstor Kirchner hasta el día en que lo sorprendió la muerte, hace casi un año, en El Calafate.
Más allá de esa toma de posición política hacia una entidad que hasta aquí ha lucido inmunizada frente a la crisis global, los proyectos argentinos seguirán estrechamente ligados a los del gigante de la región: Brasil.
A pesar de los periódicos roces en materia de intercambio bilateral, Cristina y Dilma Rousseff ratificaron en su último encuentro en Brasilia la sintonía que existía entre Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, quienes, al decir del analista brasileño Clovis Rossi, limaban cualquier aspereza con un mero golpe de teléfono.
Brasil es, además de primer socio, el aliado con que Argentina unificó reivindicaciones en el G-20 y el que potencia los reclamos de emergentes a través de otras alianzas con países que demandan más espacio en el concierto internacional. El Brics (que nuclea a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) hace rato dejó de ser proyecto y exige una reestructuración de las entidades políticas y económicas globales más acorde con sus presentes de desarrollo y gravitación.
El innegable futuro de China, segunda potencia, y su papel como gigantesco consumidor inducen a buscar –como sugirió el embajador de Chile en Argentina, Rafael Zaldívar– la concreción de los postergados corredores bioceánicos hacia el Pacífico.
Los votos del Norte. Hacia el Norte, Europa busca salir de su interminable crisis y en España el Partido Popular tiene las valijas hechas para regresar en un mes a La Moncloa. Mientras, Estados Unidos comienza a meterse en una carrera salpicada por reclamos sociales, fantasmas de desempleo, "éxitos militares" y discursos proselitistas plagados de intolerancia.
Con ese contexto de campaña, el gobierno de Barack Obama, quien buscará su reelección el primer martes de noviembre de 2012, acaba de acentuar la tensión con Irán con la denuncia contra Teherán de un frustrado complot con el que pretendía asesinar al embajador saudí en Washington y cometer atentados contra sedes diplomáticas de Arabia e Israel en Estados Unidos y otros países, entre ellos la Argentina.
La imputación estadounidense al gobierno de Mahmud Ahmadinejad llegó poco después de que la Presidenta respaldara en la ONU (como todo el Mercosur) el pedido de reconocimiento de un Estado palestino y mostrara disposición a un diálogo con el país al que se vincula con los ataques terroristas perpetrados en 1992 y 1994 en Buenos Aires. La Casa Blanca ve con preocupación cómo naciones de Latinoamérica, incluida Brasil, fortalecieron nexos con el país de los ayatolás.
Más allá de la trascendente elección estadounidense, el año que viene habrá comicios clave en Francia, uno de los motores de la golpeada Eurozona, y en Rusia.
En Latinoamérica, México elegirá el 1° de julio al sucesor de Felipe Calderón, aunque las miradas argentinas se centrarán antes en Venezuela, donde las presidenciales de diciembre de 2012 fueron adelantadas al 7 de octubre. La salud del presidente Hugo Chávez, aliado económico y político clave de Néstor y Cristina Kirchner, y su suerte en los comicios captarán la atención de la Casa Rosada, no sólo por los nexos bilaterales, sino por el peso del gobernante venezolano en el continente.
Con nuevos liderazgos emergentes y crisis a las que no se les ve el final, Argentina no parece encaminarse a virajes en política exterior, aunque la dinámica de los cambios de esta era suele adoptar velocidades inesperadas, tal como lo demostró el dominó de revueltas de la Primavera Árabe.
Con la mirada atenta en...
Estados Unidos. El primer martes de noviembre de 2012, Barack Obama buscará su reelección por otros cuatro años en la Casa Blanca, con un escenario interno que hoy se le presenta complicado. La relación con el país más poderoso del planeta no pasa por el mejor momento.Venezuela. Hugo Chávez, sobre cuya salud existen diferentes versiones, aspirará a un nuevo mandato de seis años en los comicios de octubre de 2012 y la oposición venezolana dice estar en condiciones de arrebatarle el poder. Caracas podría ser uno de los primeros destinos de la Presidenta tras su reelección.Medio Oriente. Tras la primavera que cambió buena parte de las piezas del tablero árabe, la atención se centra en la demanda de un Estado palestino, que Argentina avaló en la Asamblea de la ONU. Siria y la presión que la Casa Blanca ejerce sobre un Irán que busca más presencia en Sudamérica auguran tensiones.Los otros vecinos. Se superó el conflicto de las papeleras con la llegada al poder en Uruguay de José Mujica, el 1° de marzo de 2010. Además de acuerdos energéticos en marcha con Bolivia y Paraguay, se lanzarían a corto plazo obras de integración y más pasos fronterizos con Chile.

