En Córdoba se gobierna con ajustes y a la espera de ayuda externa
No todas las culpas de la situación por la que pasa Córdoba se deben al centralismo del Gobierno nacional. La Provincia tiene falencias por errores de sus propios gobernantes. Fernando Micca.
Aunque Córdoba permanece en la élite de las provincias argentinas, la diferencia entre lo que nos gustaría ser y lo que somos en realidad golpea con crudeza el orgullo de la "isla" que solía mencionar Eduardo Angeloz en su época dorada y el "cordobesismo" que acuñó José Manuel de la Sota en tiempos recientes para distinguir a la provincia del contexto general. Las necesidades saltan por doquier y obligan a un desacostumbrado ejerció de humildad a quienes ejercen el poder.Lejos quedaron los discursos de los gobernadores ante la Legislatura, en los cuales Angeloz se manifestaba como un virtual aspirante a la presidencia; o Ramón Bautista Mestre detallaba pacientemente una larga serie de obras y servicios en procura de mostrar eficiencia; o la combinación de ambas cosas, cuando De la Sota se expresaba como un ganador y un gobernante con proyección. "Es lo que hay", dijo el gobernador el miércoles pasado en la Casa de las Leyes luego de reconocer que le faltan fondos hasta para lo elemental.Se podrá cuestionar el centralismo del Gobierno irónicamente llamado federal, pero no todas las culpas vienen de Buenos Aires.En pocos días, el Gobierno provincial debió asumir las grandes falencias de Epec tras la tormenta; que numerosas escuelas no estarán en condiciones al inicio de las clases; que no puede dar una pronta respuesta salarial a los agentes, lo que dificultará las paritarias, y que sin ayuda nacional no habrá solución para la Caja de Jubilaciones. En el terreno de los logros, poco pudo apuntar: el boleto gratuito estudiantil, la próxima inauguración de unas 800 viviendas del demorado Hogar Clase Media y una asistencia de 10 millones de pesos a recuperar este mismo mes para que el municipio capitalino pague los salarios de enero en término.El gobernador descartó conflictos con la Nación, convencido de que la mejor solución debe llegar por la vía del diálogo. Ya había descartado emitir bonos para pagar sueldos (como los Lecor años atrás), aunque no todos descartan esa alternativa si no se sale de la encerrona y si otras provincias hacen lo mismo. Como se pueda. También el intendente Ramón Javier Mestre debió sincerar la realidad. Logró abonar los sueldos de enero gracias a la asistencia de la Provincia y a un préstamo de un banco privado. Con todo, la situación del intendente radical se sugiere levemente más aliviada, porque es la Provincia la que carga con las mochilas más pesadas. Mestre no dudó en implementar una fuerte suba en la carga tributaria. Estima que este mes tendrá un interesante flujo de recursos y piensa más allá de la coyuntura salarial. Espera constituir fondos para asignaciones específicas que se traduzcan en obras que los cordobeses valorarían (por ejemplo, pavimentación) luego de años de inacción municipal. Pero la economía nacional sigue condicionando a gobernadores e intendentes. A la coparticipación que no alcanza se añade la discrecionalidad de la Casa Rosada para distribuir poco y mal. Además, el problema de los fondos nacionales no es sólo político sino también económico. Diciembre pasado terminó con un superávit comercial ínfimo y en baja, que se transforma en un rojo creciente si se añade el ejercicio financiero, con el pago de compromisos externos. La declamada sintonía fina pasa por eliminar subsidios nacionales, amenazar con quitar otros beneficios a las provincias que aumenten los servicios públicos y retacear la ayuda en general. En ese marco se comprende mejor el escenario de penurias de los gobernantes del interior, especialmente sin no son de la feligresía cristinista.El miércoles pasado, cuando la Presidenta anunció el próximo aumento semestral a los jubilados nacionales por encima de la inflación rea, recibió un reconocimiento mayoritario. Sólo que no alcanza ante tantas carencias de interior que aporta más de lo que recibe y que debe conformarse con "lo que hay".

