Con una impronta bien kirchnerista
Continuidad, tanto de políticas como de equipos. Jerarquización del sector juvenil del oficialismo en funciones de gobierno. Horacio Serafini.
Continuidad, tanto de políticas como de equipos. Jerarquización del sector juvenil del oficialismo en funciones de gobierno. Supeditación del papel de los ministros a las decisiones presidenciales. Estos son los rasgos definitorios de los cambios que la presidenta Cristina Fernández acotó a los que obligatoriamente tenían que irse, para encarar su segundo gobierno, que iniciará el sábado."Equipo que gana, no se toca", es la máxima futbolística, aplicada tantas veces a la política, que rigió el criterio de la jefa de Estado. Después de todo ha sido ese un rasgo propio del kirchnerismo en el ejercicio del poder. Sucedió con Néstor Kirchner en las sucesivas gobernaciones de Santa Cruz, como también cuando Cristina tomó la posta presidencial en 2007 con un gabinete que tuvo mínimos cambios respecto del que heredó de su marido.La señal de continuidad no es sólo de políticas. También lo es de equipo. Hernán Lorenzino es el segundo de Amado Boudou en Economía, del mismo modo que Norberto Yahuar es uno de los segundos de Julián Domínguez en Agricultura. De allí que la novedad, si la hubo, es el ascenso de Juan Manuel Abal Medina al cargo de jefe de los ministros.Su designación es un mensaje de la Presidenta hacia un mayor protagonismo de militantes cercanos a "La Cámpora". Sucedió así cuando ella personalmente armó las listas de candidatos a diputados y senadores, como también a la hora de ocupar cargos legislativos clave en distritos clave, por caso la provincia de Buenos Aires. La continuidad de esta decisión seguramente se verá reflejada a la hora de designar las segundas líneas ministeriales. Que los cambios hayan sido como fueron, también ratifica que para Cristina, como para Néstor, los ministros son sólo una pieza dentro del ejercicio del poder. La última palabra de una decisión siempre la tiene el jefe del Ejecutivo.

