"Comparado con otros ciclos, estamos mejor"
Entrevista a Ricardo Arriazu, economista. Sin embargo,el economista advierte que la coyuntura internacional está dejando de ser tan favorable para la Argentina. Y que eso exige cambios importantes, pero no un "ajuste macroeconómico".
R icardo Arriazu está entre los economistas más prestigiosos de la Argentina. Detrás de sus análisis y críticas siempre hay un alto nivel de mesura. En sus afirmaciones basadas en datos concretos hay conceptos macerados. Sus análisis de la economía argentina están sistemáticamente puestos en un contexto internacional que ayuda a la comprensión. Nacido y formado en Tucumán, donde la Universidad Nacional lo acaba de honrar con un título emérito, estudió también en Cuyo y en Minnesota. Desde hace muchos años enseña en la Universidad Católica Argentina (UCA). Esta semana disertó en Córdoba, invitado por Banco Industrial, y dialogó con La Voz del Interior. –Usted ha dicho que Argentina no necesita un ajuste, pero a su vez dijo que deberíamos tener el triple de reservas. Si perdemos reservas, ¿eso no indica que algo necesita un ajuste? –Vamos a ser precisos. Lo que digo es que no hace falta un ajuste macroeconómico, en el sentido de que Argentina no ha tenido déficit en cuenta corriente, y por lo tanto no ha vivido más allá de sus medios. Pero simultáneamente digo que Argentina necesita un ajuste microeconómico importante. Cuando usted tiene una inflación alta y creciente; el gasto público más alto de la historia que obliga a tener el nivel de impuestos más alto de la historia; el costo laboral unitario en dólares más alto de la historia que hace que no seamos competitivos; distorsión de precios relativos; un nivel de reservas que va a evitar que entremos en crisis de balanza de pagos –aunque deberíamos tener el triple–; una infraestructura que se está agotando por completo; y es importador neto de energía, está claro que el país necesita cambios. Pero eso no es lo mismo que decir que se necesite un ajuste. Un ajuste sería una baja global del gasto. No. Usted necesita que un sector gaste menos –el Gobierno– y que otro sector gaste más en inversión, que es el sector privado. –Usted siempre remarca la correlación entre las crisis argentinas y las mundiales. ¿Hoy Argentina está alineada con el ciclo económico internacional? –En enero, escribí que había incipientes señales de alerta en la región, cuando todo el mundo estaba hablando de las maravillas de la región. Yo dije que empezaba a haber pequeños ruidos, y siempre por lo mismo: por un exceso de gasto. Después eso se extendió. La bolsa brasileña, por ejemplo, ya tiene una caída de 25 por ciento en términos de reales, a lo que hay que sumar una devaluación del 10 por ciento. O sea que la caída ha sido superior al 35 por ciento. Están saliendo capitales de Brasil. Lo mismo está pasando en otros países. ¿Con qué coincide esto? Con que los términos de intercambio de la región han comenzado a deteriorarse. Lo que más ha caído es metales. Lo segundo es energía. Y luego, los bienes agrícolas. Si usted compara el precio de la soja contado está como en 580 dólares con el precio futuro de la soja que está en 450 dólares, o lo compara con el maíz, lo que uno percibe es que los precios se sostienen porque aún estamos con escasez bajo el influjo de la sequía del año pasado. Pero ahora está viniendo la gran producción, que se calcula récord mundial de trigo y de maíz. Si eso se da vuelta, Argentina en esa etapa del ciclo pierde ingresos y todo lo que estamos hablando comienza a complicarse. –¿Y eso en qué momento podría suceder? –Si uno mira los mercados a futuro y uno cree en los mercados a futuro, ellos están marcando una baja importante para septiembre y una baja muy importante para diciembre. –¿Argentina ya se gastó balas que ahora necesitaría para afrontar eso? –Generalmente, en los ciclos favorables, como suben los precios internacionales, soy más rico. Y la mayoría de los países tienden a gastarse toda esta plata. Adicionalmente, como soy más rico y todo anda mejor, me ofrecen plata prestada. Entonces, siempre entran capitales en los ciclos positivos. Brasil. La costumbre en América latina era gastarse el aumento del ingreso y el ingreso de capitales. Y entonces, cuando se da vuelta la situación, nos quedábamos sin plata para pagar y esa es la crisis. La diferencia esta vez es que el conjunto de los países emergentes ha sido más prudente. Hay algunos muy prudentes: Chile. Y algunos menos prudentes: Venezuela. Argentina está más bien del lado de los menos prudentes. Pero comparado con otros ciclos, estamos mejor. De todas maneras, nos hemos gastado todo y el Gobierno ya no tiene más plata. –De los dos flancos, el fiscal y el de capitales, ¿en cuál ha sido menos prudente la "era kirchnerista"? –En lo fiscal. En cuanto a los capitales, yo siempre digo que no sé si es que no quisimos tomar prestado o es que nadie nos quiso prestar. Pero el resultado es que no nos endeudamos. Usted a la cuenta corriente del país –la diferencia entre los ingresos y los gastos– la puede dividir entre el sector público y el sector privado. Si usted tiene superávit general, y el sector público gastó más de lo que le ingresó, por definición entonces el sector privado ha tenido un superávit. ¿Qué hizo el sector privado con esta diferencia? Esa es la plata que se llevó afuera del sistema. Por eso lo que digo es que necesitamos que el sector privado deje de sacar plata del sistema y que la invierta. Pero usted no lo puede obligar a que haga eso. La gente no se lleva la plata porque es mala. Se lleva la plata por la idea de que va a ser estafada. –Usted ha dicho que los peronistas tienen suerte. Siempre les toca un ciclo positivo. Gastan, quedan bien, y cuando se acaba, a las tareas desagradables las tiene que hacer otro. ¿Estamos en esa línea? –Estamos exactamente en esta línea, excepto quizás en que este ciclo ha sido un poquito más largo. –Y en que esta vez el Gobierno deja las cosas algo mejor. –Las deja un poquito mejor en este sentido. Primero: ¿existe la posibilidad de una crisis en la balanza de pagos que nos deje sin reservas? No. Segundo: ¿vamos a tener una crisis de deuda? No. Porque no tenemos vencimientos. Ahora, ¿podemos seguir creciendo? Así, no. ¿Podemos seguir generando empleo productivo? No. Entonces, el tipo de conflicto que va a haber es distinto al de otras veces. –¿Cómo podría ser? –Gradualmente, el sector privado deja de invertir, la tasa de crecimiento comienza a caer y como resultado no se genera empleo privado. Los últimos datos ya lo están mostrando. El Estado en general compensa creando empleo público. Pero ahora ya no tiene dinero. Aumentó en 1,3 millones de puestos el empleo público. En consecuencia, comienza a subir el desempleo. –¿Cree que el Gobierno encarará esos cambios? –Creo que van a tratar de mantener todo como está. Justo en el momento en que acaban de salir nuevas estimaciones de cuánto hidrocarburo no convencional hay en el mundo y nos acaban de poner en segundo lugar en gas y cuarto lugar en petróleo. O sea: estamos sentados sobre una mina de oro. Pero la queremos sacar con una cucharita. Esos hidrocarburos equivalen a decenas de años de soja, para no decir centenas. El mundo está deseoso de venir a eso. Pero si a usted le dicen: no puede importar la maquinaria; yo te fijo el precio y no podés sacar la plata que entraste, ¿quién va a venir? –¿Cuál es la mejor herencia y la peor herencia que van a dejar estos años? –Diría que la mejor herencia es que no hubo trabas en la cuenta corriente, lo cual implica que los inevitables cambios que va a haber que hacer no necesariamente van a ser dolorosos. Es más: yo diría que un cambio hecho en base al sector energético y a buenas políticas podrían producir una gran reactivación. Por otra parte, en el mundo hay 868 millones de personas con hambre, a pesar de que el mundo produce más alimentos que los necesarios para que nadie tenga hambre. Y tenemos más gente con exceso de comida que gente con hambre. En Argentina el cinco por ciento de la población tiene hambre. Una persona que tenga hambre ya es inaceptable. Dentro de eso, diría que hay cosas como la Asignación Universal por Hijo que son positivas. Algunas otras cosas, mal hechas, se hicieron. Por ejemplo, la escuela contenedora. La escuela tiene que ser contenedora. Pero si no tiene ningún esquema de mérito y premio, no forma. Hay cosas que tenemos que empezar a cambiar para que la Argentina sea sustentable de una vez por todas. Es reforma del Estado y del sector privado. Cuando el Estado se convierte en botín de guerra y cuando la política es una forma de ascenso social, estamos en problemas. –¿Ve alguien con uña de guitarrero para encarar estas cosas? –Soy muy malo en política, pero la respuesta es que no, no lo veo.

