Los códigos y la camorra
Era anunciado, entonces. Pese a eso, la presidenta de la Nación descerrajó desde el atril su más duro discurso contra el Poder Judicial. Edgardo Moreno.
La resolución de la Corte Suprema de Justicia confirmó las presunciones que eran públicas desde el fracaso oficial del 7-D.
Aún el vocero Horacio Verbitsky había adelantado el domingo que la pretensión del salto de instancia, solicitada por la Jefatura de Gabinete, sería rechazada, ya que al haber fallado el tribunal superior de la causa no habría verdadero per saltum . Arriesgó más: la Corte aceptaría, en cambio, un recurso extraordinario. Que es el trámite normal, sin necesidad de apelar a la reciente ley sancionada para saltear cámaras y llegar con las urgencias al más alto tribunal del país. Y dio una instrucción al jefe de Gabinete: "Recurso extraordinario, que la Jefatura deberá presentar ante la misma sala que prolongó la cautelar".
Así parece funcionar el Gobierno. Recibiendo la hoja de ruta en gacetillas. Era anunciado, entonces. Pese a eso, la presidenta de la Nación descerrajó desde el atril su más duro discurso contra el Poder Judicial. Amontonó a la Corte con los poderes fácticos que en la historia argentina se conjuraron contra la democracia.
Si la analogía entre los fierros golpistas y los fierros judiciales –explorada ante la siempre frágil paciencia de las multitudes– no es una presión sin embozo sobre los Tribunales, convendría entonces redefinir el término. Fue la continuidad de la línea argumentada por el ministro Julio Alak y el diputado Carlos Kunkel, en boca, ahora, de la primera magistratura de la República.
Así como la Justicia ignoró antes del 7-D esos aprietes, ayer la Corte dictaminó sin modificar criterios, pese a la plaza que le armaron en su contra.
Aunque también es cierto que un juez del tribunal, Raúl Zaffaroni, vino a asistir al desairado bufete oficialista con los fundamentos de su voto. Adelantó opinión al calificar, sólo en potencial, como alzamiento de la Cámara contra la Corte, la medida cautelar que no llegó a ser objeto de tratamiento.
Sólo hasta allí podría llegar la doctrina de Alak, sin reemplazar los códigos por la camorra. Pero de ahí a imaginar conspiraciones golpistas hay un camino más que largo, imposible. Sería como revisar la partitura del Himno hasta encontrar en ella un candombe.
Como poder, se puede. Pero no en nombre de Blas Parera.

