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Cada vez más parecido a una verdadera jungla

La protesta que paralizó a un sector del transporte urbano de la ciudad de Córdoba entre el martes y ayer dejó las mismas y amargas conclusiones que el salvaje paro que todos los choferes llevaron adelante el 7, 8 y 9 de mayo últimos. Rubén Curto.

16 de agosto de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cada vez más parecido a una verdadera jungla

Si bien los motivos y alcances fueron muy diferentes en ambos casos, la protesta que paralizó a un sector del transporte urbano de la ciudad de Córdoba entre el martes y ayer dejó las mismas y amargas conclusiones que el salvaje paro que todos los choferes llevaron adelante el 7, 8 y 9 de mayo últimos por reclamos salariales. El común denominador fue la indefensión de los usuarios y la casi certeza de que nadie puede frenar los desbordes de los choferes. Esta vez, el corte de servicios fue por 36 horas, afectó a 200 mil usuarios y no incluyó demandas gremiales generalizadas ni cuestiones salariales. Además, tuvo foco en sólo una empresa y la Municipalidad de Córdoba movió rápido los resortes legales para destrabar la situación. Aun así, el daño a los usuarios estuvo tan vigente como siempre.Cada vez se desnudan con mayor nitidez las limitaciones del Ministerio de Trabajo para encauzar los conflictos por vías racionales y que sean respetadas las conciliaciones obligatorias que dicta.Los choferes ya están inmunizados contra esas resoluciones oficiales. Ni se dan por enterados. Y si lo hacen, ignoran sus consecuencias.El conflicto de ayer terminó cayendo por su falta de peso específico. Traía a escena una cuestión casi extemporánea (un despido con causa concretado hace meses, que incluso no había merecido reproches del gremio a la patronal) y además comandada por ex delegados que se movieron en discrepancia con la conducción de UTA, que sí aceptaba la conciliación.La fragmentación interna del gremio a la hora de tomar decisiones es indisimulable.En este marco, el paro llegó a un callejón sin salida: la ilegalidad de la protesta (no tenía respaldo gremial) puso a sus protagonistas al borde de sanciones o posibles nuevos despidos, y salieron a trabajar.Y la película terminó como siempre. Los usuarios quedaron a pie, la empresa involucrada absorberá costos (pagará las horas no trabajadas), los choferes reforzaron su imagen de invencibles y los poderes públicos (Municipalidad y Trabajo) se quedaron rumiando impotencia.Si esto pasó por un conflicto acotado a una prestataria, ¿qué se puede esperar para cuando se discutan temas de fondo, como la licitación del nuevo transporte y la privatización de Tamse?