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La brecha social, demanda más allá de la política

Tratar de achicar la brecha social, una permanente demanda que la Iglesia procura que no sea interpretada como una bandera política.

13 de agosto de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
La brecha social, demanda más allá de la política

Comenzar a saldar la deuda social. Ese es para la Iglesia Católica el desafío primordial para el futuro de la Argentina. Y, desde luego, es la principal obligación de los gobiernos. Constó en muchos documentos y marca la preocupación constante de los obispos. Pero los inquieta cuando el debate electoral, como el que pasó antes de las primarias del pasado domingo, marcha por otros carriles que no se ocupan, precisamente, del costado humano de la política.

Medidos en el lenguaje, para no quedar enredados en cuestiones terrenales, los obispos argentinos han marcado, empero, algunos caminos.

Por lo pronto, le hicieron saber a la presidenta Cristina Fernández, a través del secretario de Culto, Guillermo Rodolfo Oliveri, que les había hecho ruido el uso de la foto con el papa Francisco que hicieron para favorecer las posibilidades electorales del candidato del Frente para la Victoria bonaerense, Martín Insaurralde.

También lo hizo público, con pocas vueltas, el arzobispo de Buenos Aires, sucesor de Jorge Bergoglio, monseñor Mario Poli: “Hay fotos del Papa en todos lados. Hay también algunas fotos de afiche. No quisiera el Papa que (su imagen) muera en un afiche, sino que recuerden sus enseñanzas”.

Y, entre esas enseñanzas, aparece la necesidad de ocuparse de los sectores más necesitados, lo que la Universidad Católica Argentina (UCA) presenta como “Barómetro de la deuda social” y que es reflejo de lo mucho que falta aún.

“Deuda social es una expresión fuerte, densa, exigente. Aquí no nos interesa utilizarla como una bandera política opositora ni como mecanismo para alcanzar espacios de poder”, sostuvo el rector de la UCA, monseñor Víctor Fernández, estrecho colaborador del Papa cuando Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires.

El Gobierno siempre se molestó porque consideró que la Iglesia se ocupa de marcar falencias y no de rescatar las acciones.

Según trascendió, lo hizo notar la Presidenta a Fernández, en una entrevista que mantuvieron en junio, unos días antes de que el prelado asumiese como nuevo arzobispo.

Las primarias pasaron. La mirada de la Iglesia argentina, más convergente que nunca con la de un pontífice, se conocerá muy probablemente a partir del próximo 20, cuando se reúna la Comisión Permanente del Episcopado.

Nadie debe esperar estrépito. No lo hubo ni lo habrá. Pero la falta de palabras altisonantes no esconderá las preocupaciones de la Iglesia. Las nuevas y las de siempre.