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El asco después del asco

Entre la andanada de críticas que llueven sobre Fito Páez por expresar su desagrado estomacal por los votantes porteños de Mauricio Macri, sobresalen dos. Adrián Simioni.

15 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El asco después del asco

Entre la andanada de críticas que llueven sobre Fito Páez por expresar su desagrado estomacal por los votantes porteños de Mauricio Macri, sobresalen dos. La más importante enarbola loas a la convivencia. Lo cual está bárbaro, pero, en general, no supera el nivel de lo políticamente correcto. Los kirchneristas le pegan un chas chás en la colita al autor de El amor después del amor , pero apenas disimulan que es sólo para no sacar menos votos en la segunda vuelta que en la primera. En la vereda contraria, todos se olvidan de los desprecios expresados de mil formas hacia los demás (por caso, con la presunción de clientelismo que se suele adjudicar en general a cualquier kirchnerista). Así, el diluvio moral contra la expresión –aunque válido para apuntalar la necesaria convivencia– suena exagerado.Otra "chicana" contra Páez es que en su columna de Página12 pareció explicar el voto porteño por el hecho de que a muchos de los capitalinos, según él, sólo les importaría el dinero. La crítica viene a decir más o menos esto: "Y vos, Páez, qué te hacés el menesteroso, si cobrás cientos de miles por cada show , algunos pagados por el gobierno al que defendés".Aunque cierto, el argumento es falso: alguien puede tener un buen pasar y no por eso ser indiferente con los que la pasan mal.Ahora: esto, que vale para Páez, tiene que valer para todos. También para Macri y sus votantes. Y ahí sí "tenemos un problema, Houston".El progresismo, que Páez integra, se rasgó las vestiduras tantos años –a veces desde la comodidad de escenarios en los que ser bueno es gratis– con su sensibilidad por todas las grandes causas, que ha terminado por creerse que tiene el monopolio de la bondad. Y que el resto disfruta de un orgasmo al ver un desamparado. Por eso, a los Páez no les entra en la cabeza que alguien vote por Macri y que pueda considerar que, así, mejorará alguna cosa para el conjunto social. Ese error expresó Páez. Y por eso sintió asco.La verdad es que, salvo excepciones en todos los rincones, todos queremos vivir en un mundo más libre y más equitativo. Lo que nos separa son más que nada estrategias para esas metas, entre las cuales algunas pueden ser mejores que otras. Para ejemplificar con la catedral del progresismo k: que se sepa, los intelectuales de Carta Abierta rara vez problematizan la inflación, los terrenos comprados en El Calafate por los Kirchner o la persecución a quienes relevan precios. Y a nadie se le ocurre –empezando por ellos mismos– que, por eso, estén a favor de la generación de pobreza, la corrupción o el cercenamiento a la libertad. Sentir asco por eso también sería una tontería.