Antígona discurre sin adversarios
Un hermano es igual a otro hermano. Es lo que quiso destacar Cristina. Ello, aunque en la tragedia de Antígona también pueda advertirse el conflicto irresuelto entre el mundo de los muertos y el de los vivos, la mirada desesperanzada sobre el futuro del hombre. Edgardo Moreno.
Las ansiedades de la Casa Rosada se acercan al momento que imaginó como un puente de tranquilidad entre el desorden de la economía y el resultado de la elección de medio término. La llegada de los fondos frescos de la cosecha se aproxima. Todavía es incierto elresultado de esa apuesta tan simple y antigua de la política del país agroexportador. Por las dudas, como puede atestiguar el gobernador de Buenos Aires, los estrategas del oficialismo buscan alinear a sus seguidores administrando la escasez antes que la abundancia. Un recurso riguroso pero ajustado a la lógica del realismo.Con el rigor o el dispendio, el sector político gobernante ha dispuesto al menos una táctica precaria para acometer su anhelo de perpetuarse. ¿Puede exhibir la oposición un dispositivo similar para ejercer la amenaza de alternancia sin la cual su destino es irrelevante?Desde que en 2012 el crédito ciudadano cayera en un tobogán pronunciado para el kirchnerismo, al punto de desbordar con descontento en plazas masivamente hostiles; ninguna estrategia opositora ha asomado con nitidez suficiente.Puede recordarse el acuerdo transversal de diputados y senadores para oponerse a un tercer mandato constitucional de la Presidenta. Pero fue menos un cálculo que un reflejo. Un compromiso alimentado por la presión de las calles y limitado al desafío del momento. No se proyectó, por ejemplo, hacia un acuerdo orgánico y sostenido de los partidos paracomprometer una agenda común de sus candidatos de octubre.Entonces, las voces ajenas albloque gobernante explicaban que la unidad de la oposición no era necesaria porque el desasosiego, al manifestarse en tantas listas como matices tuviera el pensamiento adversativo; terminaría sumando en el conjunto de expresiones contrarias a la modificación de la Constitución Nacional. En otras palabras, la fragmentación que hizo colapsar el equilibrio opositor para el sistema político argentino, fue presentada como novedosaestrategia e incluso como virtud. Acaso por esta fruición en exacerbar sus diferencias, pese a la gravedad del diagnóstico compartido, el pensamiento no oficialista navega en el décimo año del kirchnerismo sin que ninguno de sus exponentes asome la cabeza para proponerle a la sociedad un liderazgo alternativo.Curiosa veleidad: todos dicen que se cierne sobre el país la sombra de una degradación definitiva del sistema político, a 30 años de la restauración democrática. Pero ninguno se anima a reunir la masa crítica de acuerdos políticos para evitarla.El oficialismo, en cambio, actúa en algunos casos justificando comomérito esa desgracia y en otrosproponiéndose como alternativa para evitarla. Con tanta plasticidad que nadie imagina por ahora, ni en las vacas gordas ni en las flacas, que el futuro gobierno salga provisto por otra cantera.La guerra santa desatada en el territorio bonaerense es por eso la disputa política de primera magnitud.Allí, Daniel Scioli comprenderá la dimensión de su encierro cuandoentienda que no lo hostigan para que ceda sus listas de candidatos sino porque en el pasado ya las entregó. Cuando el gobernador le obsequió la legislatura a sus adversarios y su espalda al conspirador, ¿no estaba diseñando sus angustias de hoy? Una mirada florentina le hubiese sugerido que, en ocasiones, la confrontación no se evita, sólo se posterga. Para ventaja del enemigo.Con la oposición no peronistadisfrutando su irrelevancia, con laambición de sus sucesores a pan y agua, habiendo advertido tras su reunión con Francisco que París bien vale una misa; todavía sobrevive Cristina a la amañada gestión del equipo que conduce.Tal vez sea de interés para susadversarios revisar la cita reciente que hizo la Presidenta a la tragedia de Antígona. En la ciudad de Tebas, Antígona padecía el poder de Creonte. Era su tío y ocupaba el trono por la lucha a muerte de dos hermanos de la protagonista. Creonte decreta honores fúnebres para uno de ellos y condena al otro a yacer sin sepultura, a merced de la intemperie y los cuervos. Como Antígona libremente desobedece y tributa honras al insepulto, es sentenciada a muerte y se mata.Son las leyes de la sangre, en contradicción con la ley civil. Un hermano es igual a otro hermano. Es lo que quiso destacar Cristina. Ello, aunque en la tragedia de Antígona también pueda advertirse el conflicto irresuelto entre el mundo de los muertos y el de los vivos, la mirada desesperanzada sobre el futuro del hombre. Y en el error de la decisión suicida, el arrojo del que es capaz una mujer.

