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Ahora, Cristina y De la Sota negociarán como ganadores

En dos domingos, se demostró que ni De la Sota necesita de Cristina ni Cristina de De la Sota para ganar una elección. Pero las necesidades son de gestión y a futuro. Roberto Battaglino.

15 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Ahora, Cristina y De la Sota negociarán como ganadores

Él ya no necesita de ella para ganar la elección provincial. Ella parece no necesitar de él para ganar la elección presidencial. Pero él tiene una gestión por delante. Y ella es muy probable que también. El vínculo, entonces, se aleja de lo electoral, al menos para este turno, y se instala en una compleja relación-negociación política, cuyo desenlace dependerá del trato directo y de las coyunturas. José Manuel de la Sota y Cristina Fernández de Kirchner, gobernador electo de Córdoba y presidenta con muchas posibilidades de seguir, empiezan ahora negociaciones muy singulares, basadas en la desconfianza mutua porque ambos se han incumplido, necesidades diferentes y, fundamentalmente, expectativas muy distintas para 2015.Ella no tiene reelección, al menos con este marco normativo (con un resul­tado abultado en octubre como el de ayer, ¿se envalentonarán los K con una posible reforma constitucional?). Él es uno de los anotados para disputar la Presidencia. ¿Querrá ser el candidato del poskirchnerismo o del peronismo no K? Eso dependerá de cómo evolucione un eventual segundo período de Cristina, el tercero del kirchnerismo. Y de cómo marchen los humores sociales. El tema es que para ambas nominaciones ya hay varios preinscriptos.De la Sota ganó cómodo la elección provincial haciendo campaña en contra de Cristina, con el aporte territorial de algunos K y con otros K con menos votos que los cargos obtenidos colgados de la solapa del líder del peronismo cordobés; y Cristina salió primera sin sobresaltos en Córdoba, sin el aparato delasotista ni la estructura del peronismo provincial y con el gobernador Juan Schiaretti casi mandando a votar en contra. La gente vota en cada circunstancia de acuerdo a lógicas propias de los cargos en juego.El desempeño de la lista del PJ, encabezada por Carlos Caserio, fue muy pobre. En el justicialismo, argumentan dos cuestiones irrefutables: iban sin boleta presidencial y tuvieron menos de tres días de campaña, contra meses del resto de los competidores.La gente de De la Sota repetía anoche, con entusiasmo, que el gobernador electo sacó el 42 por ciento en la elección del domingo pasado y Cristina redondeó un 35 por ciento ayer.Algunos expertos en complicadas ingenierías electorales del peronismo no descartaban anoche que se puedan fusionar listas de diputados nacionales y que kirchneristas y delasotistas-schiarettistas vayan con una sola boleta a la elección del 23 de octubre. Políticamente, no es descabellado; depende ahora de las tratativas que encaren los jefes de ambos proyectos políticos.Está claro que es un tema que resuelven o no De la Sota y Cristina, en un mano a mano. Cuando se sentaron, llegaron a entendimientos, por cierto luego incumplidos. Cuando apelaron a emisarios, hubo mucho ruido. Retórica versus necesidad. Lo que viene ahora es esa negociación compleja, donde el "cordobesismo" de De la Sota y la "argentinidad" que postuló Amado Boudou en nombre de Cristina se acomodarán en la retórica, para dejar paso a crudos datos de la realidad. Y esos datos indican que apenas asuma el nuevo gobernador cordobés vencerá el incumplido convenio de financiamiento nacional del déficit de la Caja de Jubilaciones de la Provincia. ¿Podrá De la Sota seguir asumiendo ese rojo con fondos propios? El organismo previsional es una espada de Damocles que acota el margen de acción política de los gobernadores.Además, De la Sota necesitará fondos nacionales para hacer obra pública, para cumplir promesas de viviendas, para sustentar programas sociales.No parece Córdoba ser una provincia en condiciones de encarar una cruzada contra la Nación.Los dos se sentarán a negociar con respaldos electorales contundentes, pero con la incertidumbre que generan humores sociales cambiantes, el poder que a veces consolida y muchas veces desgasta, y que cuando se está terminando y no hay sucesor propio a la vista, suele resquebrajarse.