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“Un ajuste, aunque se quisiera, sería muy difícil de implementar”

El economista Ricardo Arriazu sostiene que todas las fortalezas de Argentina son consecuencia de los precios. No ve un cambio de rumbo económico, pero tampoco un escenario de catástrofe.

03 de julio de 2011 a las 12:02 a. m.
“Un ajuste, aunque se quisiera, sería muy difícil de implementar”

Aunque en Argentina estamos muy acostumbrados a pensar sólo en lo que nos sucede, lo que pasa en el mundo impacta de manera clave. Por eso, la visión de un economista como Ricardo Arriazu es fundamental para entender lo que puede suceder y los riesgos a los que se puede enfrentar el país. El titular del Estudio Ricardo Arriazu y Asociados, especializado en análisis internacional y finanzas, disertó en un encuentro organizado por el Círculo de Anunciantes de La Voz del Interior en el que brindó la conferencia "El Mundo nos sonríe: ¿estamos aprovechando la oportunidad", ante un grupo de empresarios locales. –Grecia aprobó un plan de ajuste, ¿cree que un default no sería "mala idea" como dijo Paul Krugman al compararla con Argentina? –No fue el default lo que ayudó a Argentina en 2002, sino la espectacular mejora en sus términos de intercambio. Grecia no tiene esa posibilidad. El default aquí sería una barbaridad. Tiene una deuda registrada de 150 por ciento del PIB pero una no registrada de 500 por ciento, con los jubilados. Pagar ambas es imposible y en algún momento va a tener que defaultear. Pero, si lo hace sobre la primera afecta a los mercados y sobre la segunda, no. Si Grecia se cae, sería otro Lehman Brothers. –¿Tan importante es? –Su caída causaría un problema de confianza mundial: todo el mundo huiría de los bancos, bajarían el gasto y eso provocaría una situación idéntica a la de 2008/2009. Bajarían los precios internacionales y nos afectaría muchísimo. –¿Qué pasa en Estados Unidos habrá otro paquete de ayuda como el QE 3, de expansión monetaria? –Con su tasa de interés cerca de cero, Estados Unidos salió a comprar bonos y entregó billetes a la gente. Pero la gente, en lugar de gastar, puso la plata en los bancos, y estos no la prestaron y la volvieron a poner en la Reserva Federal. Esa política fue neutral y, así, el QE3 no va. –¿Y los emergentes? –Todos están pegando el freno porque el año pasado crecieron más de sus posibilidades: China, Brasil, Uruguay, Perú. América latina creció más de seis por ciento y no invierte lo suficiente para esto: se generan presiones inflacionarias y deterioro de las cuentas fiscales. –Este escenario ¿cómo puede afectar al dólar? –En el cortísimo plazo, con euforia el dólar se debilita y con pánico se fortalece. En el corto plazo, lo importante es el diferencial de tasas de interés entre Europa y Estados Unidos. A mediano plazo, está claro que el dólar se tiene que fortalecer. –¿Y las commodities? –Hay cuatro factores que las afectan. Primero, la oferta y demanda que es, básicamente, el clima (no la demanda india o china). La sequía del año pasado y de este año en Europa justifica un precio más alto. El segundo factor es la devaluación del dólar. El tercero es el uso de bioenergía: toda la suba de la demanda mundial de maíz es para uso de bioenergía en Estados Unidos. Por último, los fondos especulativos. –¿Cuál es su pronóstico? –La tendencia de mediano plazo, si no hay problemas climáticos, es a la baja pero lento. En lo inmediato, hay que recomponer stocks y eso tardaría dos o tres años. Para que la baja se anticipe, los fondos especulativos deben querer salir y bajarse los subsidios a la bioenergía. –¿Cómo impacta esto en Argentina? –Nosotros estamos afectados por lo internacional. La mejora de términos de intercambio de los últimos ocho años es una de las más grandes desde principios del siglo 20 y la más persistente. Eso le dio a Argentina más de 100 mil millones de dólares de mejora. –¿Qué se hizo con eso? –Históricamente, nos gastábamos todo y, encima, pedíamos prestado. Esta vez, no pedimos prestado. Parece poco, pero fortalece: la cuenta corriente es superavitaria, las reservas son altas, la recaudación es alta, el sistema financiero es chico, sólido y líquido. Esto hace que sea muy difícil una crisis tipo 2001. –¿Hay debilidades? –Sí. Que todo eso es consecuencia de los precios. Además, hemos distorsionado precios relativos y somos importadores netos de energía; el costo laboral unitario en dólares es el más alto de la historia (y genera problemas para algunos sectores) y el nivel del gasto público también es récord. Si se dan vuelta las condiciones de mercado, esto generará problemas. –¿Cuál es su pronóstico para el país? –Para pronosticar hay que tomar los siguientes temas: qué va a pasar con variables exógenas (volumen de cosecha, precios, movimientos de capitales), con los precios relativos (gasto público, costo laboral unitario, tarifas) y la situación fiscal. Esto da 27 combinaciones posibles de política. En cualquier país uno descartaría 25. Aquí, en un año electoral, hay varias posibles. No veo una situación descontrolada: en ningún escenario el Gobierno se queda sin reservas, el sistema financiero sufre iliquidez, hay recesión como en 2001 o hiperinflación. Pero, si hay una baja violenta de los precios mundiales, la inflación sube mucho. –¿Cree que el Gobierno cambiará la política actual? –Mi escenario base es que el año que viene comenzarán suaves ajustes, pero muy suaves. Muchas de las medidas necesarias involucran una baja de salario real. Y con bajo desempleo y crecimiento fuerte, aunque uno lo quiera hacer, es difícil de implementar. Si se quieren corregir tarifas y tipo de cambio, no es probable que haya menores demandas salariales. –¿Y la inflación? –Se puede discutir cuánto es pero, si la "torta" es de un tamaño y se hace crecer la demanda nominal al 35 por ciento, va a haber inflación y baja de competitividad. Con la inflación no se convive, se la mata antes de que lo mate a uno.

Escenario proyectado

Política económica actual. Continúa, sin mayores cambios.

Precios internacionales. Se mantienen elevados, con una pequeña baja en 2012, 2013.

Incertidumbre política. Suaves egresos de capital en segundo semestre.

2012. Se inicia suave corrección de distorsión de precios relativos, acelerando tasa de devaluación y ajuste de tarifas. Bajo desempleo y sindicatos llevan a que la baja del costo laboral unitario sea muy suave y gradual.