"La solución no es devaluar, es bajar la inflación"
Mientras vivamos con una inflación de más de dos dígitos, los desbalances macroeconómicos no se corregirán. La tasa de devaluación oficial será siempre muy inferior al alza de los precios. Dante Sica.
Todas las medidas de control a la adquisición de dólares o a las compras que impliquen uso de divisas, ya sea en efectivo o con tarjetas, son paños fríos para contener la fiebre. La verdadera enfermedad es la inflación. El problema real es que el dólar oficial no se aprecia al mismo ritmo que suben el resto de los costos en el país, por lo tanto, se percibe como un bien barato. Y si a esta percepción se agrega que el dólar blue está en torno de un 30 por ciento por encima del oficial, que con el impuesto del 15 por ciento a las compras en el exterior con tarjeta de crédito se crea otro valor de la divisa al sumar ese porcentaje al dólar oficial y que hay otras tantas cotizaciones según sea el método para adquirir la moneda extranjera, el resultado es que la percepción se convierte en certeza: el dólar oficial está barato. Ahora bien, la solución a los desbalances que esto crea en la macroeconomía y en la competitividad de nuestros sectores productivos no es devaluar el peso. En esto muchos analistas coincidimos con lo expresado por la Presidenta en cadena nacional en el acto del Día de la Industria. En lo que hay discrepancias claras es en el ataque al verdadero problema que generan las distorsiones. La alta inflación sigue sin ser asumida por el Gobierno y, por lo tanto, siguen sin aplicarse las medidas necesarias para contenerla.Crear nuevas "normas" que aprietan el cepo cambiario constantemente se hizo necesario para el Gobierno porque las personas buscan cualquier salida, por más pequeña que sea, para tener los "verdes" en la mano o en el "plástico". El dólar es la reserva de valor preferida por los argentinos y la única unidad de cuenta que validan. Se trata de una conducta aprendida a fuerza de crisis y pérdidas de poder adquisitivo a lo largo de la historia.Para cambiar esta conducta, y para que el Estado cuente con las divisas necesarias para pagar las importaciones, especialmente las de combustibles, además de proteger las reservas del BCRA, el mejor camino es resolver la causa del miedo. De nuevo: la inflación. Los argentinos dejaremos de sentirnos seguros ahorrando en dólares cuando nos sintamos seguros de que los pesos garantizan la estabilidad de su poder de compra. En este sentido, el Gobierno escogió el camino inverso para atacar el problema: quiere bajar la fiebre sin curar la infección.La solución no sólo pasa por una devaluación. Y esto queda claro al mirar los pros y los contras de tomar esta decisión. Entre los beneficios, se puede enumerar que se ganaría competitividad en las exportaciones de los sectores productivos, entrarían pesos al fisco y se podrían acumular reservas en dólares. Pero para que esto sea así se requiere que la demanda del mundo sea pujante, y el actual contexto internacional marca que, si bien va a seguir creciendo, lo hará en mucha menor medida que en el período 2003-2007, dada la gran volatilidad en la que hoy se está moviendo.Además, en una situación de cuasi pleno empleo como la que tenemos ahora en el país, una devaluación generaría más presión al alza sobre los precios y los salarios. Asimismo, en este momento el valor del dólar representa, ciertamente, un ancla nominal de la inflación. Nos encontramos, entonces, en una suerte de paradoja en la que devaluar multiplicaría el problema por el cual devaluar parece necesario: elevaría la inflación. Entonces, lo que se necesita para mejorar la competitividad de los sectores productivos, evitar la salida de divisas y mantener tasas de crecimiento convenientes con pleno empleo y alto consumo, es aplicar una estrategia antiinflacionaria. Desarrollar un verdadero plan que dé respuestas a la necesidad de anclar expectativas y que advierta la urgencia de una moderación en el sesgo expansivo de la política económica. Mientras vivamos con una inflación de más de dos dígitos los desbalances macroeconómicos no se corregirán. La tasa de devaluación oficial será siempre muy inferior al alza de precios y, como los controles cambiarios casi seguro no se relajarán en este contexto político que entra de nuevo en una etapa electoral, los múltiples tipos de cambio seguirán floreciendo como los yuyos después de las últimas lluvias.*Ex secretario de Industria de la Nación y director de Abeceb.com

