El riesgo de enseñar oficios a un adulto
Con desocupación baja –siete por ciento según el Indec– y salarios altos en dólares para la región, es complicado esbozar cómo se puede generar más trabajo. Con más inversión, es la respuesta de manual. Walter Giannoni.
En tiempos electorales, con frecuencia aparecen propuestas políticas focalizadas en la necesidad de generar trabajo. Se habla, por ejemplo, de enseñar oficios a personas adultas para encontrar una salida a la desocupación y asegurar su inserción en el sistema productivo. En la Argentina el empleo siempre es un tema candente, máxime cuando se examina el escenario con experiencias de ciclos económicos adversos para la generación o preservación de puestos.Pero en estos tiempos de economía recalentada por vía del consumo, la novedad es que, según la estadística oficial, el desempleo es de apenas el siete por ciento. Con el agregado de que quienes tienen trabajo cobran en dólares, a igual puesto y horas, los salarios más altos de la economía regional en la cual el país se desenvuelve y compite.Con desocupación baja y salarios altos en dólares, es complicado esbozar cómo se puede generar más trabajo. Con más inversión, es la respuesta de manual.Sin embargo, días atrás, un reconocido economista señalaba que si a ese siete por ciento de desocupación se lo desguaza entre los desempleados que podrían acceder a un puesto en el sector privado y quienes pueden aspirar a un lugar a nivel público, las cosas cambian.El desempleo en el sector privado es de apenas dos puntos, porque las personas que están en el otro cinco directamente no califican para encontrar un lugar en las empresas. Si una industria pone una línea de producción nueva, requiere alguien con conocimientos para manejarla.Volvamos al Indec. El reciente informe sobre Demanda Laboral Insatisfecha hecha luz. De todas las empresas encuestadas por el Instituto, el 40,1 realizó búsquedas de personal, pero el 9,5 no logró ni uno de los puestos.Por ejemplo, en la industria textil, el 42,9 por ciento de las empresas relevadas buscó nuevos empleados, pero el 25 no los encontró. En la industria de la madera, un tercio intentó incorporar empleados, pero el 20 por ciento no halló nada. En caucho y plástico, el 32 buscó, el 25 no encontró. En las terminales, un cuarto de las relevadas pidió gente y el 24 por ciento no cubrió el puesto.Hay más: casi el 40 por ciento del personal que falta son profesionales, el 26 técnicos y el 34 operarios. El 70 por ciento era para áreas de producción y mantenimiento.Es decir, sin entrar a analizar si la desocupación que marca el Indec es real o no, evidentemente existe un enorme problema de capacitación para abastecer la demanda laboral.Un par de semanas atrás, tuvimos la posibilidad de visitar una industria de electrónica de Córdoba. Llamativamente, para trabajar allí como operario no era necesario ser técnico electrónico ni ingeniero, pero sí tomar una capacitación en la misma compañía.En otras ramas sucede algo parecido. Para trabajar en la industria de la madera no es imperativo ser un carpintero de oficio, sino saber manejar una máquina de control numérico. Lo mismo ocurre en la metalmecánica o en el plástico.Enseñar oficios puede resultar útil a nivel educacional en los colegios técnicos, pero no es un pasaporte al empleo para una persona adulta que necesita solucionar problemas de supervivencia. Y tampoco para la empresa, que lo que necesita es un técnico que opere un sistema automático. En ese caso, la capacitación específica es lo más adecuado y es lo que se necesita promover.

