El morenismo, etapa superior del populismo
Algunas naciones latinoamericanas parecen empeñadas en trasladar sus prácticas a los países desarrollados. Adrián Simioni.
En 1916, Lenin escribió, en Zurich, El imperialismo, etapa superior del capitalismo. Allí desarrollaba una tesis según la cual –esto es una simplificación– las economías capitalistas no habían experimentado las revoluciones que pronosticaba la teoría marxista porque habían logrado contrarrestar sus contradicciones internas explotando a países periféricos. Algunas naciones latinoamericanas también parecen empeñadas en trasladar sus prácticas a los países desarrollados, en lo que sería una especie de fase superior del populismo que desarrollan dentro de sus países. Pero Guillermo Moreno, deseoso de donar leche a Japón con la plata de otros –no importa si ese país la aceptará o si hay posibilidades logísticas de llevarla– no es el primero en el intento de llevar elementos de primera necesidad a la tercera economía mundial, como si se tratara de un suburbio del conurbano bonaerense.El pionero es, sin dudas y con ventaja, el venezolano Hugo Chávez, que en 2005 comenzó a subsidiarles la calefacción a estadounidenses pobres. El plan sigue en pie. Este año llegará a 132 mil hogares en 25 estados de Estados Unidos y a un costo de 60 millones de dólares, según informó hace poco Citgo, filial estadounidense de la petrolera estatal bolivariana Pdvesa. Mientras, en la última década la petrolera redujo su producción en un millón de barriles diarios (fue de 3,1 millones diarios en 2010).Seguramente esta "exportación no tradicional" a los países centrales no busca trasladar ninguna contradicción interna en países como Venezuela o la Argentina. Fuera de toda pretensión teórica, parece simplemente la exportación de un tic, el acto reflejo de no dejar de pensar ni un instante en la tribuna interna, en quedar bien para la foto. De hecho, si en algo se parecen Cristina Fernández y Hugo Chávez es en el uso de los escenarios públicos de la política internacional para hablarles a sus votantes internos. Tal vez por eso, mientras la Presidenta suele usar esos proscenios para aleccionar a sus desconcertados colegas sobre cuestiones internas difícilmente entendibles para un Nicolas Sarkozy o un Barack Obama, ministros como Amado Boudou desfilan por la embajada de EE.UU. para declararse fervorosos proestadounidenses, según los cables de WikiLeaks.

