Los mensajes del tsunami
La masa de ahorros japonesa le permitiría autofinanciar el proceso de reconstrucción. Jorge Vasconcelos.
Aunque en las actuales circunstancias las cuestiones económicas vinculadas con la catástrofe de Japón son de segundo orden, de todos modos es necesario considerarlas. Se trata de un país que detenta el 5,7 por ciento del PIB mundial y que mantiene una activa participación de ida y vuelta en los canales financieros y de comercio. A su vez, la economía mundial estaba apuntando a crecer un 4,3 por ciento este año, luego de recuperarse, con un 4,9 por ciento en 2010, de la recesión de 2009. Si bien Japón es un país con un elevado nivel de deuda pública, la masa de ahorros de su población, estimada en seis billones (millones de millones) de dólares, le permitirá autofinanciar el proceso de reconstrucción, una vez que pueda acotarse el "riesgo Chernobyl". Más temprano (si las radiaciones quedan encapsuladas) o más tarde, la vuelta a la normalidad de Japón devolverá a la economía mundial la fracción de crecimiento que por estas horas se está perdiendo.El súbito enfriamiento que transmite la tragedia a la economía mundial ya se ha expresado en los mercados, con la abrupta caída en acciones y materias primas. Mientras subsistan temores por los alcances de la radioactividad, la volatilidad de las cotizaciones habrá de mantenerse, e incluso puede acrecentarse. Sin embargo, en el corto plazo, el impacto negativo podría amortiguarse pues los bancos centrales, que venían subiendo tasas de interés o se preparaban para hacerlo, podrían imponer una pausa en este movimiento. Es el caso de China y la Unión Europea. Así, el efecto riqueza negativo derivado de la caída de un billón de dólares en el valor de las acciones podría ser parcialmente compensado por la liquidez. Asimismo, la Reserva Federal de los Estados Unidos ya ha dado señales suficientes como para esperar tasas de interés de corto plazo cercanas a cero hasta mediados del año próximo. La inyección de liquidez efectuada por el propio Banco Central de Japón va en la misma dirección. Matriz energética. Adicionalmente, la catástrofe apunta a reconfigurar la matriz energética mundial. En los últimos años, se había experimentado un resurgir de los proyectos basados en energía nuclear, fundamentalmente por el sostenido encarecimiento de los hidrocarburos. Tan es así que el Departamento de Energía de los Estados Unidos estimaba que la participación del segmento atómico en la canasta energética total habría de pasar del 5,5 por actual a un 6,4 por ciento hacia 2035. Obviamente, esto está en revisión, pero también está la restricción de que no es sencillo reemplazar a las usinas por fuentes alternativas. Por eso, seguramente, habrá un impulso renovado de inversiones e investigación en biocombustibles, energía solar y eólica, entre otras (en todas ellas, la Argentina parece tener ventajas comparativas por el lado de los recursos naturales). Antes de la catástrofe, la citada oficina proyectaba un crecimiento de la oferta y demanda de biocombustibles a un significativo ritmo de 6 por ciento anual acumulativo hasta 2035. Ese guarismo debería ahora considerarse un piso, pero sin ignorar que esto implica tensiones en el uso de la tierra, entre alimentos y combustibles, que deberían resolverse en base a innovación y tecnología y no de prácticas predatorias.Esta esperable reconfiguración de la matriz energética mundial parece implicar un piso elevado para el precio de las materias primas por un tiempo bien significativo.De modo que la tragedia de Japón puede estar transmitiéndole a la economía argentina señales muy potentes en dos direcciones relevantes: Si un pueblo previsor puede ser sorprendido por los acontecimientos, ¿qué puede esperar un pueblo que no tiene ese hábito? No debería hacer falta presentar más pruebas para que la Argentina abandone su predilección por el cortoplacismo y encare el largo plazo con los instrumentos adecuados. Las reservas del Banco Central deberían ser un último reaseguro, y no un mecanismo permanente de financiamiento del Tesoro; el gasto público debería aumentar por debajo del ritmo de la recaudación cuando el ciclo económico es positivo, ahorrando para las épocas de vacas flacas; las instituciones que auditan y supervisan los mercados que funcionan de modo regulado (como ciertos segmentos de la energía) deben ser extremadamente profesionales e independientes. Si una abundante dotación de recursos naturales es un activo valioso para un país, no puede dejar de haber una política de Estado alrededor de su aprovechamiento y desarrollo. Si los gobiernos sólo apuntan a obtener recursos fiscales fáciles, será muy difícil que alrededor de esos recursos se expandan cadenas de valor agregado, tanto en la provisión de insumos, equipos y servicios como en la transformación industrial de lo producido. Los escandinavos tienen mucho para enseñar en esto, pero sus experiencias no logran colarse en la agenda del debate político local. Ojalá las aterradoras imágenes de estos días nos zamarreen lo suficiente.

