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Herramienta con distintos objetivos

El ciclo económico en Europa marca realidades muy diversas que requieren herramientas diferentes de política. Marina Dal Poggetto.

13 de marzo de 2011 a las 12:02 a. m.
Marina Dal Poggetto*
Herramienta con distintos objetivos

Como ya comentamos en otras oportunidades, el ciclo económico en Europa marca realidades muy diversas que requieren herramientas diferentes de política. Lo que inicialmente iba a permitir avanzar hacia una convergencia entre países a partir del desplome en la tasa de interés generada por la creación de una moneda común y un único Banco Central que maneje la política monetaria, se ha vuelto ahora el problema principal con el que debe lidiar la Eurozona. Tanto más cuando, fue el desplome en las tasas para las economías de la periferia a partir del ingreso al euro el que permitió allí financiar el aumento explosivo en la deuda pública y privada. Más allá de la misión explícita del BCE de mantener la inflación por debajo del nivel objetivo del dos por ciento, y de las dificultades ciertas que el alza en los precios de las materias primas está generando para cumplir este objetivo, lo cierto es que la situación de Alemania –economía que crece cerca del cuatro por ciento frente al 0,8 por ciento del resto de la Eurozona–, ameritaría una suba de tasas por su crecimiento dinámico. Y es que Alemania, economía con alta propensión al ahorro interno y claro sesgo exportador, es sin dudas un claro beneficiario de la coyuntura actual a través tanto del canal financiero –como receptor de fondos de Europa que buscaron la calidad frente a los problemas financieros de los países de la periferia–, como del canal comercial –por la desvalorización del euro–, pero también por cuestiones estructurales asociadas al cambio en los hábitos de consumo de la flamante clase alta China. Si en 2009 las exportaciones alemanas a China alcanzaban 34 mil millones de euros, hacia 2010 ese nivel ascendió a 53 mil millones. Esta situación se ubica en las antípodas de países como España, Grecia, Portugal y sur de Italia e Irlanda, cuyos problemas originados en el sobreendeudamiento y la baja productividad en un contexto de rigidez cambiaria (dados los costos sistémicos que una eventual salida del euro generarían) determinan un límite cierto al crecimiento. Esta dualidad económica de Europa representa un verdadero dilema para el manejo de una política monetaria que con un solo instrumento debe calibrar la sintonía entre economías bien heterogéneas. Y si bien una suba de las tasas de interés, como anticipó el presidente del Banco Central Europeo en la última reunión, para enfriar el crecimiento y controlar una inflación que empieza a escaparse del objetivo (en buena medida por los precios de las materias primas), podría entenderse en la coyuntura de una Alemania que se expande a buen ritmo, para nada se justificaría en el contexto de países como Grecia, Irlanda, Portugal, España e incluso Italia. En estas economías, no sólo el estancamiento económico es la regla, sino que también los problemas financieros –que evidentemente se verían exacerbados ante una suba en la tasa de interés– amenazan la propia reputación de la moneda europea.

* Directora de Estudio Bein & Asociados.