Herejías inflacionarias
La suba de precios afecta principalmente a los que trabajan en condiciones irregulares y a los que viven de subsidios o changas. Javier González Fraga.
En la última semana se han escuchado muchos comentarios sobre la inflación en nuestro país que merecen alguna reflexión. El Ministro de Economía, Amado Boudou, dijo que la inflación afecta a las clases medias altas y altas. Esto es genuinamente una herejía, o sea, una verdad a medias que oculta lo esencial. Lo que el ministro dijo es cierto porque en esos sectores de altos ingresos hay muchos rentistas que viven de alquileres, de intereses de inversiones financieras y de rentas externas que deben pesificar a estos tipos de cambio. Las rentas bajaron en términos nominales o han subido menos que la inflación real. Esta es una de las causas del enfriamiento del consumo en shopping centers de los últimos meses.En el caso de los asalariados registrados de niveles altos y medios la inflación no los ha perjudicado, ya que han logrado incrementos en el último año, en muchos casos, superiores a la inflación promedio, que se ha ubicado en torno al 25 por ciento. Los asalariados "en blanco" de niveles bajos también consiguieron importantes incrementos. Pero en este caso no le han ganado a los mayores precios, que en estos sectores de bajos ingresos son fundamentalmente de alimentos, los que subieron 40 por ciento o más.Pero el ministro oculta o ignora lo que sucede en otros grupos de ingresos. Los verdaderos perjudicados de la inflación son los desocupados, los que trabajan "en negro" o viven de changas o subsidios, cuyos ingresos apenas han subido en el último año, que también enfrentan una inflación "alimenticia" del 40 por ciento. No puede olvidarse de ellos, especialmente, un Gobierno que se dice progresista.Por el impacto de una inflación bien medida, la pobreza hoy afecta al 32 por ciento de la población, que son los que pertenecen a las familias que no alcanzan a ganar aproximadamente dos mil pesos al mes.La otra herejía de la semana fue la del ministro de Interior, Florencio Randazzo, al culpar de esta inflación a los empresarios. El funcionario ignora que los empresarios, en sectores competitivos, van siempre a tratar de subir los precios lo más posible, porque esa es la esencia del capitalismo que rige nuestras vidas. No debemos confiar, como decía Adam Smith, en el sentido solidario del carnicero para estar bien abastecidos, sino en su egoísmo. Y si los empresarios no suben más los precios es porque pueden perder clientes por la competencia de otros empresarios o de otros productos. La clave entonces pasa por alentar el consumo o la demanda en la misma medida que se alienta la oferta, o sea la producción de bienes, algo que este Gobierne ignora desde hace algunos años y, en parte, por la desconfianza que generan frases como las de Randazzo. El caso más patético es el de la carne, que aparece como la gran culpable del auge inflacionario, hasta el punto que el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno enseña a sus alumnos que debe ser ignorada a los efectos del cálculo inflacionario; otra herejía.En diciembre de 2005, el presidente Néstor Kirchner y su ministra de Economía Felisa Miceli provocaron una sobreoferta de carne prohibiendo o restringiendo las exportaciones. Así lograron sus objetivos: los productores ganaderos empezaron un proceso de liquidación de vientres y de venta de animales livianos que tuvo el precio de la carne estable por cuatro años. La inflación de 2006 fue menor al 10 por ciento porque la carne estuvo planchada o en baja. Obviamente, el stock cayó 15 por ciento y en este año y el próximo nos faltarán en total casi seis millones de novillos gordos, lo que en términos más fáciles de entender significan que los argentinos comeremos 24 kilos menos de carne que en 2008. Obviamente, un bien escaso sube de precio a pesar de los controles, los aprietes y las prohibiciones a la exportación. Y si bien es cierto que la sequía de 2008/09 empeoró la situación, la verdadera sequía fue la financiera ya que los productores dejaron de cobrar casi 6.000 millones de dólares, si los comparamos con los ganaderos de los países vecinos.En definitiva, los desequilibrios fiscales, la baja calidad del gasto público y los errores puntuales en algunos sectores, son los verdaderos causantes de la inflación, que se exagera y acelera ante la ausencia de una medición pública creíble desde la intervención del Indec iniciada en enero de 2007.

