El dilema de EE.UU.
En una coyuntura global de vulnerabilidad financiera respecto a la deuda pública, la tolerancia de los mercados tiene un límite y la falta de un plan fiscal genera incipientes señales de alarma. Marina Dal Poggetto.
El escenario de recuperación económica moderada en Estados Unidos (EE.UU.) en un contexto de aumento de la deuda pública muestra una situación contradictoria para la política económica. En el corto plazo, el mix macroeconómico de baja inflación (1,2 por ciento anual) y elevado desempleo (9,8 por ciento) da cuenta de un país que todavía necesita la asistencia del respirador artificial de la política económica para asegurar la recuperación en curso. Si bien la economía crea empleo, a un ritmo promedio mensual de 98 mil puestos de trabajo en los últimos siete meses, éste es aún insuficiente para reducir la tasa de desocupación cuando esa economía destruyó cerca de 8,5 millones de puestos en los meses de recesión y requiere crear anualmente 1,6 millones adicionales para incorporar a los nuevos ingresantes del mercado laboral (se necesitan 130 mil puestos por mes para estabilizar la tasa de desempleo). En esta coyuntura se inscribe el anuncio de la Reserva Federal (FED) de una segunda vuelta de inyección monetaria para mantener bajas las tasas de interés y evitar una inercia deflacionaria. Pero la dosis de estímulo no termina ahí y, a diferencia de Europa, la política fiscal demora la fase de austeridad y emprende, tras el acuerdo político entre el presidente Barack Obama y los republicanos del Senado, la continuidad del impulso fiscal con un sesgo republicano (enfocado en la extensión temporaria de los recortes impositivos de Bush en 2001 y 2003, entre otros). Estas medidas, en conjunto, seguirían aportando 850 mil millones de dólares (5,8 por ciento del Producto Interno Bruto -PIB) en dos años. Y esto a pesar de la trayectoria creciente de la deuda pública (hoy en 62 por ciento del PIB) que agrega incertidumbre sobre la solvencia del sector público. En una coyuntura global de vulnerabilidad financiera en torno a los niveles de deuda pública, la tolerancia de los mercados tiene un límite y, ante la falta de un plan de consolidación fiscal de largo en EE. UU., aparecen incipientes señales de alarma. El precio de los bonos soberanos registró una fuerte corrección a la baja manifestada en la suba de la tasa de interés de 2,75 a 3,26 por ciento en la última semana, lo cual podría contrarrestar el efecto expansivo de la política económica. Mientras tanto, y a contramano de Europa, la política estadounidense aprovecha su posición de emisora de la moneda de reserva mundial y resuelve el conflicto con más estímulo monetario y fiscal de corto plazo. En este contexto, la dinámica de un mercado contradictorio, que prefiere un dato flojo de empleo a uno bueno para asegurarse la asistencia de liquidez indefinida de la FED, refuerza la tendencia bullish (alcista) de largo, aún con los vaivenes de corto por los problemas de la deuda en Europa y el endurecimiento de la política monetaria china.

