Dime qué haces y te diré qué te preocupa
Malos discursos y señales alientan la desconfianza y el dólar paralelo. Juan Turello.
Sin los espectaculares números de 2010 –las comparaciones eran con la baja performance de 2009–, la economía continúa a buen ritmo. Sin embargo, hay de luces de alerta que el Gobierno minimiza en sus significados por la campaña electoral ya lanzada en todos los frentes. La fuga de divisas llegó a 3.676 millones de dólares en el primer trimestre. La salida de dinero de la economía formal o enviado al exterior no se habría detenido en abril: el promedio de la sangría mensual pasó de más de 1.200 millones a unos 1.500 millones. Los bonos en dólares subieron las últimas semanas (revela mayor interés por esos títulos y mayores compras). La Comisión Nacional de Valores pidió a las sociedad de bolsa que frenaran las operaciones que suponían las compras de esos títulos en el país y que luego se liquidaban en el exterior (una forma de sacar divisas), al tiempo que intensificó los controles de las operaciones con el dólar marginal ("dólar blue ", en la jerga financiera), ya que empresas y particulares prefieran poner sus ahorros lejos de los ojos del Banco Central y de la Afip.Ayer, el dólar cerró a 4,12 pesos en la Capital Federal, mientras que el marginal trepó otro escalón: 4,41 pesos.¿Por qué pasan estas cosas cuando la economía sigue creciendo y prácticamente no existen opositores que puedan arruinar el sueño de Cristina Kirchner de ser reelegida, incluso muy posiblemente en primera vuelta? ¿No son suficientes las garantías que ofreció la Presidenta a industriales, banqueros y comerciantes? ¿Qué dudas alimentan la dolarización de ahorros e inversiones, cuando el Banco Central tiene el suficiente poder de fuego (reservas) para desalentar cualquier corrida? El enemigo interior. Las respuestas hay que buscarlas dentro de las propias acciones y señales del kirchnerismo, más que en la oposición. La izquierda están tan fragmentada como siempre y los partidos progresistas no tienen poder como para provocar cambios drásticos en las reglas de juego. El problema está en: La pelea entre Cristina Kirchner y el poderoso Hugo Moyano, con acciones políticas en baja, pero con poder de fuego gremial intacto. No es un tema menor en un Gobierno que imagina, luego del "urnazo" que prevé para el 23 de octubre, el descabezamiento del titular de la CGT y su reemplazo por Gerardo Martínez. De buen diálogo con la jefa de Estado, este dirigente de la construcción tiene los mismos pecados que se le atribuyen a Moyano –burocracia, violencia sindical, autoritarismo– e incluso más: en la década menemista adhirió tan fervientemente a ese "modelo", que fue hasta socio de la ex AFJP Claridad, que conformó junto con la Sanidad (Carlos West Ocampo), el fondo norteamericano ITT Hartford y el Banco de Córdoba, por iniciativa de Eduardo Angeloz. Ramón Mestre la vendió luego al Banco Provincia de Buenos Aires. Roberto Feletti , viceministro de Economía, reveló que una vez ganada la batalla cultural (o contra los medios), había que "profundizar el modelo populista". Esto supone, en buen romance, que el Gobierno saldrá a tomar más recursos de renta privada (campo, siderurgia, petróleo) para destinarlos a más planes sociales y subsidios. Lo desmintieron Amado Boudou y Florencio Randazzo, pero para los empresarios desconfían. "No les creemos", se sinceró ante La Voz del Interior un industrial moderado, conocedor de las idas y vueltas oficiales. La política de designar delegados en las empresas va en la misma dirección. El objetivo es que los delegados impongan el reparto líquido de ganancias para engrosar el fondo de la Anses, y usarlo para operaciones estratégicas (¿quizá la compra de YPF?). Este cóctel generado a partir de discursos y gestos del kirchnerismo, determinó una baja de 4,6 por ciento en las expectativas económicas, que habían logrado el récord en marzo. La inflación promedio que esperan los argentinos para el próximo año ronda 30 por ciento (UCA y TNS–Gallup).La excelente campaña de marketing político de Cristina Kirchner es por ahora insuficiente para que los argentinos entierren sus preocupaciones, y se olviden del dólar en los meses previos a una elección.

