Desaceleramos
La industria se estabilizó en marzo en relación a febrero. La expansión se moderó a un tercio del ritmo de un año atrás. Juan Turello.
Pocos analistas, menos aún los agentes de propaganda del Gobierno, hablan del tema, pero el alerta ya se instaló entre los economistas que siguen con atención los números macro. Argentina comenzó a desacelerar el ritmo de crecimiento. El dato tendrá impacto en el nivel de actividad y también en el empleo, uno de los indicadores que gozó de buena salud durante los últimos trimestres. Otro de los indicadores que se subió al podio fue la reducción de la pobreza y la miseria a los niveles más bajos de la última década. Los analistas privados afirman que los datos reales son al menos el doble de los que reveló el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que fijó la pobreza en sólo 9,9 por ciento de la población (cuatro millones de personas), del cual 2,5 por ciento vive en la indigencia (un millón de personas no puede comprar la canasta mínima de alimentos). Es una buena noticia, sin dudas, pero los valores absolutos de pobres e indigentes siguen asustando. El primero. El economista Gastón Utrera –uno de los primeros en advertir la recuperación que comenzó en mayo de 2009– se suma ahora al lote de quienes alertan sobre el cambio de tendencia. "Se acabó la parte fácil de la recuperación económica", advierte a La Voz del Interior y agrega: "Ya se observa una desaceleración del crecimiento". A la hora de los números expone: entre mayo de 2009 y abril de 2010 la economía se expandió a un promedio de 0,6 por ciento mensual, que equivale a un crecimiento anual de 7,4 por ciento. Sigue: desde mayo hasta febrero último, el ritmo se redujo a un tercio –0,2 por ciento mensual–, lo que equivale a una expansión magra de 2,4 por ciento al año. Utrera aconseja mirar el dato desestacionalizado mes contra mes, ya que en la comparación interanual la expansión todavía se mantiene entre siete y ocho por ciento. Y explica: el dato interanual es el espejo retrovisor de un auto, permite mirar lo que se recorrió, mientras que el velocímetro indica a la velocidad que se está desplazando ahora el vehículo. Los números oficiales parecen darle la razón: la industria creció 8,8 por ciento en marzo en comparación con un año atrás, pero no registró variación –cero por ciento– si se la mide con la producción de febrero. ¿La clave? El uso de la capacidad instalada se halla en 76,1 por ciento, por lo que para seguir con una expansión a "tasas chinas" se necesita una fuerte inversión, lo que no sucede por el año electoral y las señales negativas del Gobierno al clima de negocios. ¿Cuáles serán las consecuencias de la desaceleración? Sin dudarlo, el dato impactará en la generación de empleo: el 95 por ciento de las industrias consultadas por el Indec admite que no contratará más personal. ¿Cómo hará para atender la demanda interna? Probablemente, pagará más horas extras o importará, salvo que logre una mejora en los procesos productivos. También la inflación. La mitad de los asalariados tiene un trabajo formal y está sujeto a convenios colectivos, en los que se discuten mejoras salariales de 24 por ciento (camioneros) hasta el 35 por ciento (bancarios). ¿Y qué sucede con el resto? Los empleados formales no sujetos a convenio o "en negro", monotributistas y jubilados y pensionados llevan las de perder frente a la inflación, que sigue siendo alta. Además, lo que más suben son los alimentos (3,9 por ciento en marzo, de acuerdo con la consultora Economía & Regiones), que es el rubro al cual destinan la mayor parte de sus ingresos los sectores de bajos recursos. Las expectativas de la sociedad, no obstante, se moderaron al reducirse de 32,8 a 30,3 por ciento la inflación anual esperada, según la encuesta nacional de la Universidad Torcuato Di Tella. Si el año electoral y la injerencia del Estado en las empresas privadas afecta al clima de negocios, la inflación desalienta a la hora de invertir. "Nadie sabe qué rentabilidad va a tener finalmente y si podrá amortizar la inversión", resumió un dirigente cordobés ante este diario al explicar la renuencia del directorio a decidir una inversión a esta altura del año. La consultora BDO estableció en un sondeo que tres de cada cuatro líderes corporativos estaba preocupado por el nivel de los precios. Luego de la hipotensión de la semana previa, la presidenta Cristina Kirchner cerró el miércoles un impresionante maratón de actos. En ellos, criticó el rechazo de Techint a aceptar tres directores estatales como corresponde según la tenencia en acciones por parte de la Anses, habló de la reducción de la pobreza y auguró un nuevo ruralismo a partir del lanzamiento de la agrupación kirchnerista Canpo. Obviamente, en ningún acto habló de cómo combatir la inflación. Sí, en cambio, lo hicieron los presidentes de Brasil y Chile, cuyas tasas no superan cinco por ciento anual.

