Cómo poner nerviosos a los vecinos
El caso de Chile es de psicoanalista. El comercio favorece a Argentina 3 a 1, pero aun así se exige al que importa algo de Chile que lo compense con exportaciones hacia ese destino. Walter Giannoni.
Argentina ha tenido días movidos con sus vecinos. El poderoso Brasil, pero también Uruguay, Paraguay y Chile se quejaron sonoramente por el abrupto ahogo al que el Gobierno de Cristina Fernández sometió al comercio.
Como ha ocurrido desde tiempos en los que gobernaban Lula y Néstor Kirchner, los brasileños estiraron al máximo su paciencia, pese a que la propia Dilma Rousseff debió dar explicaciones a sindicalistas y empresarios de su país sobre lo que está pasando con la frontera.
El caso de Chile es directamente de psicoanalista. El intercambio favorece a la Argentina por tres a uno. Sin embargo, Guillermo Moreno le aplica el sello de “observada” a cualquier operación en la que él considere que no existe una compensación por parte del importador.
Sebastián Piñera fue claro cuando se encontró con Cristina en el Palacio de La Moneda, el viernes. “Queremos derrumbar todas las fronteras”, le dijo el chileno, dibujando una parábola entre lo que ocurre con Malvinas y el frente comercial. Pero pocos saben, salvo Cristina y Moreno, si este anhelo tendrá correlato en la realidad.
Uruguay es otro caso. José Mujica se parece cada vez más al ex presidente José Batlle (el que dijo que los argentinos son unos “ladrones, del primero al último” y luego pidió disculpas): lo asaltan las dudas, no sabe qué hacer con los caprichos comerciales de Argentina. Por ahora su gobierno armó un esquema para que no se caigan aquellas firmas que envían bienes o servicios para este lado del Río de La Plata.
Argentina juega el juego como más le gusta. Por ejemplo, le reclama a Brasil por el persistente déficit comercial que tiene frente a ese país, pero aplica el criterio inverso cuando Chile y Uruguay le piden por lo mismo.
Con el único objetivo de equilibrar los dólares que necesariamente saldrán del país por la compra de energía (9.500 millones, en un cálculo conservador), no están claros los criterios con los cuales se mochan compras a los vecinos.
Ejemplo: si es válido el criterio argentino de exigir a Brasil que reduzca exportaciones hacia nuestro país porque nuestro superávit es muy alto, entonces Moreno debería dejar pasar todos los bienes que vienen de Chile y Uruguay sin decir ni “mu”.
Una vara similar podría aplicarse puertas adentro del territorio. Córdoba es una de las tres provincias más exportadoras del país y tiene superávit comercial de sobra. ¿Por qué sus importadores deben pasar entonces por el flagelo de la Secretaría de Comercio Interior igual que un importador de una provincia que exporta poco?
Alguien podría argumentar con toda razón: “El país es uno solo y la energía que se importa y se paga con dólares también se distribuye en Córdoba”. Entonces ahí quedaría al descubierto el verdadero fondo del asunto que compromete la relación con los vecinos: la década perdida en materia de política energética, sin exploración petrolera, con escaso desarrollo gasífero, casi nula expansión de la refinación.
Una década donde gobernó de punta a punta el kirchnerismo en el ciclo económico de mayor expansión de la historia, según sus propios datos.

