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Brasil: otra mejora en la calificación

La economía brasileña fue galardonada con una nueva mejora en la calificación de su deuda, la cual subió otro escalón dentro de la categoría grado de inversión. Marina Dal Poggetto.

10 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
Brasil: otra mejora en la calificación

La economía brasileña fue galardonada con una nueva mejora en la calificación de su deuda, la cual subió otro escalón dentro de la categoría grado de inversión. Esto es algo así como una ampliación del sello de calidad de los mercados financieros en los papeles de deuda que emite. Esta situación permite a los agentes brasileños (gobierno, bancos y corporaciones) fondearse a tasas de interés más bajas para financiar gasto de consumo e inversión, factores que permiten un crecimiento importante de la economía (7,5 por ciento en 2010) en un contexto de baja inflación (6,4 por ciento interanual).¿Por qué una economía emergente como la brasileña ha recibido el visto bueno de los mercados internacionales?En la última década, Brasil ha adoptado un modelo de tasa de interés alta y tipo de cambio apreciado (fuerte) en pos del preciado activo de la estabilidad de precios. Esto permitió que las decisiones de consumo (ahorro) e inversión de los agentes quedaran desligadas de la fluctuación del dólar, a pesar de una memoria inflacionaria relativamente reciente en la historia macroeconómica de Brasil. Esta política fue el punto de partida para la puesta en marcha de un modelo sustentable que permitió aumentar las decisiones de inversión en el país de residentes y no residentes. Hoy el monto de la inversión extranjera directa en Brasil alcanza a 56 mil millones de dólares, casi tres veces más que el promedio de los '90.A su vez, con 67 mil millones de dólares en 2010, el ingreso de capitales de corto plazo (préstamos, deuda y acciones) constituye otra fuente importante de financiamiento al consumo y la inversión. La explosión del ingreso de capitales hacia Brasil derivó en un aumento vertical de las reservas internacionales: mientras en 2003, dicho stock alcanzaba los 50 mil millones de dólares, hoy el nivel de reservas supera holgadamente el umbral psicológico de los 300 mil millones. La contrapartida de este escenario de mejora de la solvencia externa y superávit fiscal (antes del pago de los intereses) fue el proceso de desendeudamiento, manifestado en una retracción de la deuda externa. Esta pasó del 42 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2002 al actual 12 por ciento del PIB. El crecimiento económico alcanzado en un contexto de baja inflación y la implementación de planes sociales (el plan bolsa de trabajo alcanza a 11 millones de hogares) fue derramado a la esfera social a través de una caída de más de 10 puntos porcentuales en los niveles de pobreza (en torno a 20 por ciento de la población) y de la tasa de desempleo (que pasó de 13 por ciento en 2003 a 6,4 por ciento en la actualidad). Evidentemente, no todas son rosas y quedan muchas tareas pendientes. La apreciación cambiaria limita la competitividad de la industria a pesar del fuerte financiamiento subsidiado del Banco de Desarrollo de Brasil (BNDS) y aumenta la deuda pública interna, producto de transferencias crecientes de intereses de los contribuyentes al sistema financiero por una tasa de interés muy elevada de corto plazo fijada por la política monetaria. Mientras tanto, los mercados siguen felicitando los resultados del modelo brasileño con menores costos de financiamiento. La pregunta es: ¿Se sostendrá esta situación a medida que el paradigma de tasas bajas en el mundo desarrollado empiece a cambiar? En principio, los colchones con los que cuenta la economía brasileña (alto nivel de reservas, bajo stock de deuda externa y margen para mover el tipo de cambio sin riesgo de corrida) constituyen un importante amortiguador.