Vertientes de un mismo conflicto
Una vez más, la conflictiva región de Medio Oriente, Tierra Santa para tres grandes religiones monoteístas. Marcelo Taborda.
U na vez más, la conflictiva región de Medio Oriente, Tierra Santa para tres grandes religiones monoteístas, entre ellas el cristianismo del que fue cuna, mereció párrafos centrales del mensaje Urbi et Orbi de un Pontífice en Navidad. Benedicto XVI aludió desde tres escenarios diferentes a una misma realidad compleja. Así reclamó el fin de la matanza que desangra a Siria en un conflicto que fue mutando mes a mes desde sus inicios, en marzo de 2011. También aludió a la necesidad de una vuelta al diálogo entre israelíes y palestinos que deje atrás meses de recelos y ataques mutuos. Y además formuló un llamado al gobierno egipcio encabezado por los Hermanos Musulmanes para que la tolerancia y el respeto a las minorías no desnaturalicen el espíritu con que se asoció (al menos en Occidente) a la llamada Primavera Árabe.Aunque pudiera pensarse que Joseph Ratzinger estaba refiriéndose a cuestiones separadas entre sí no sólo por límites territoriales convencionales, las alusiones del Papa desde el balcón principal a la Plaza San Pedro tenían el mismo hilo conductor. Una tierra sin santos. En el complejo escenario sirio, donde diferentes fuentes cifran en más de 40 mil los muertos desde que estallaron las primeras revueltas contra el presidente Bachar al Assad, cada vez es más visible el fantasma de una intervención internacional a gran escala como las que ya se vieron en Irak, más recientemente en Libia, o en tantas otras ocasiones y/o lugares con valor geoestratégico. La reciente alineación de misiles Patriot en Turquía con que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) prometió "defender" a uno de sus miembros de una eventual agresión siria sobrevino a nuevos recuentos de víctimas de bombardeos y recurrentes versiones de que el gobierno de Damasco analizaba utilizar su arsenal químico (nunca admitido) contra sus enemigos internos.Claro que si esos adversarios de Al Assad no han logrado mayor apoyo occidental y hasta ahora tuvieron como principal soporte el de Arabia Saudita o Qatar es quizá por el perfil extremista y la afinidad con la red Al Qaeda que algunos de sus miembros exhiben sin tapujos.La experiencia libia no sólo acentuó la oposición de China o Rusia a ese libreto de intervención en la ONU. Una encuesta efectuada anteayer por CNN en Estados Unidos reveló, por ejemplo, que el 52 por ciento de los habitantes de ese país no quieren que su gobierno se involucre en otra guerra de tales características.Mientras, en minorías como la cristiana, la sensación que crece es que el avance de grupos como los salafistas del Ejército Libre de Siria (ELS), uno de los integrantes de la heterogénea coalición opositora que Occidente acaba de reconocer como "representante legítimo" puede ser más sombría que la continuidad de los alawitas del jaqueado mandatario.

