El verdadero juego de tronos
En este nuevo milenio, las vetustas monarquías ensayan fórmulas de renovación para adaptarse, justificarse y sobrevivir. Pedro Luque.
Por estos días, la abdicación se ha convertido en una palabra común. Alberto II de Bélgica se sumó esta semana al padrón de soberanos que renunciaron en lo que va de 2013, una lista que cuenta además con los nombres de Beatriz de Holanda, Hamad al Thani de Qatar y Benedicto XVI, monarca absoluto del Vaticano. Los de Alberto II fueron casi 20 años de reinado, durante los cuales se ganó la simpatía de sus súbditos por su cercanía con el pueblo y sus decisiones acertadas en tiempos de crisis, que son los menos favorables para las casas reales: cuando Europa toda comenzó a tambalear, dispuso cubrir él mismo parte de los presupuestos asignados a la casa real.Alberto II tuvo un papel fundamental en la salida de la crisis política que atravesó Bélgica en 2011, cuando estuvo nueve meses sin primer ministro. Al final, el monarca encargó formar gobierno al socialista Elio Di Rupo, actual mandatario del país.Además, el rey era visto como la única persona capaz de lograr entendimientos entre las tres comunidades lingüísticas del país: flamencos, francófonos y germanófonos. Tal vez para ser recordado así, Alberto II decidió pasarle la posta a su hijo Felipe el próximo 21 de julio. Alegó problemas de salud y su edad: 79 años. Pero muchos creen que su partida en realidad fue acelerada por una polémica que comenzó en 1999 y que esta semana llegó a los tribunales judiciales. Su presunta hija extramatrimonial le reclama la paternidad y la madre de ella reveló ante la prensa el romance que vivió con el monarca durante 18 años.Sea cual fuere la razón, el rey belga siguió los pasos de la monarca holandesa, Beatriz, quien hace sólo dos meses abdicó en favor de su hijo Guillermo y su esposa, la argentina Máxima Zorreguieta, un evento que colmó las tapas de revistas y diarios de este lado del Atlántico. A diferencia de Bélgica, la abdicación es una fórmula usual en Holanda: la misma Beatriz llegó al trono en 1980 tras la renuncia de la reina Juliana.Poco común fue, en cambio, la renuncia del emir qatarí, para quien "llegó el momento de una nueva generación" en la pequeña y rica nación. Hamad había llegado al trono tras derrocar a su padre en 1995. Tal vez temeroso de sufrir el mismo destino que su progenitor, a sus 61 años le entregó el poder a su segundo hijo, el príncipe Tamim, de 33, conocido en todo el mundo por su afición al fútbol. Es el mismo que compró el club francés Paris Saint Germain. Pero la más inesperada renuncia de este año seguirá siendo la de Benedicto XVI, hoy papa emérito, quien en febrero de 2013 anunció su paso al costado por falta de fuerzas. No ocurría algo así desde 1415.En este mundo redefinido por las tecnologías y azotado por crisis globales, las vetustas monarquías buscan la forma de adaptarse para justificarse y sobrevivir. El recambio generacional es una de las apuestas más fuertes.

