Vencedores, vencidos y puentes colgantes
La cuestión de mayorías y minorías que dejó la elección planeó sobre cada debate televisivo o charlas políticas en este país hiperpolitizado y apasionado. Marcelo Taborda.
“Extiendo mis dos manos y corazón porque somos hermanos”, dijo cerca de la medianoche del domingo el reelecto presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Antes, había ponderado el hecho de que su principal rival en los comicios, Henrique Capriles Radonski, hubiera reconocido la derrota de la coalición opositora.
En el mismo discurso de admisión de la victoria de Chávez, Radonski le pidió al mandatario que hiciera una lectura con grandeza del mensaje de las urnas.
Ayer, tanto Chávez como Radonski revelaron en sus cuentas de Twitter, de disímil manera, que el jefe de Estado había llamado por teléfono al opositor.
Hasta allí, parecía que la lección de civismo dada por millones de venezolanos que acudieron masivamente y en paz a las urnas tenía sus primeros frutos en puentes que se comenzaban a tender entre sus liderazgos.
Pero con el correr de las horas del día después, comenzaron a sucederse algunas declaraciones y actitudes que mostraron lo complicado que es lograr posiciones conciliadoras entre sectores que mutuamente abonaron antagonismos no sólo en esta última campaña.
Muy temprano, el conductor de un programa de TV de tinte opositor al presidente casi increpó al secretario de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón García Aveledo, y, haciéndose eco del mensaje de un televidente, le preguntó si Capriles había perdido. Casi azorado, Aveledo dijo: “Claro que perdimos; si no, no hubiéramos reconocido la derrota”.
Pero, a pesar de los resultados contundentes, en redes sociales y de boca de algunos miembros más radicales, la oposición mutó su disconformismo con el traspié por una exagerada reivindicación de respeto a su caudal electoral, muy valorable, pero insuficiente para reclamar una victoria que deberá esperar.
Pese al discurso triunfal de Capriles de hace nueve días en la avenida Bolívar, en el que dio por agotados el socialismo del siglo 21 y el ciclo del gobernante, Chávez demostró que su adhesión está intacta.
Algo más de un 55 por ciento de los sufragios, casi 11 puntos de diferencia con su rival, más de ocho millones de venezolanos que lo votaron y la cuarta elección presidencial ganada (quinta si se computa el referéndum revocatorio que lo refrendó en 2004), después de casi 14 años de estar en Miraflores, hablan de un fenómeno singular.
Tras establecer su nuevo hito, Chávez también celebró que la oposición hubiera estado a la altura de las circunstancias.
Pero ayer no pareció pensar lo mismo uno de los responsables del comando de campaña del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, quien reaccionó a las crecientes recomendaciones de la MUD para que se respete a los más de seis millones que votaron contra Chávez y reclamó que también se respete, primero que nadie, a los más de ocho millones que votaron a favor de aquel y su revolución.
La cuestión de mayorías y minorías planeó por cada debate televisivo o charlas políticas de ayer en este país hiperpolitizado y apasionado.
Si desde la MUD eligen el camino de Capriles, dicha la frase sin alusiones personales, quizá muestren una imagen de moderación que seduzca no sólo a su electorado cautivo de las clases más altas, como quizá ocurrió el domingo (aunque menos de lo que esperaban).
Si la oposición vuelve a apostar a las conspiraciones o los sabotajes, como plantearon quienes arrojaron algunos panfletos cerca de la Plaza de Altamira, la MUD quizá retroceda los casilleros que avanzó después de mucho esfuerzo.
Pretender invisibilizar a ocho millones de personas, que además ganaron una elección que fue resaltada por todos por su participación y limpieza, implica miopía política o apartarse de las reglas del juego de la democracia, como una vez lo hicieron.
Y desde el gobierno debieran recordar que su principal capital social, que el domingo le reportó otro respaldo democrático, fue el de hacer visibles a los excluidos. Necio sería ignorar a quienes representan un poco menos que la mitad del país, aunque estén del otro lado del Guaire.

