Un palco lleno de autoridades
En el estrado, en primera fila, escuchaban a la candidata elegida por Luiz Inácio Lula da Silva, varias caras conocidas, victoriosas anteayer. Marcelo Taborda.
En el estrado, en primera fila, escuchaban a la candidata elegida por Luiz Inácio Lula da Silva, varias caras conocidas, victoriosas anteayer. Entre ellas, el reelecto gobernador de Bahía, Jaques Wagner, los senadores Eduardo y Marta Suplicy, también del PT, el candidato a vicepresidente de la coalición y titular de la Cámara de Diputados, Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). A la izquierda de la candidata, la acompañaban el titular del PT, José Dutra, el gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral (PMDB), reelecto con más del 60 por ciento de los votos y el flamante gobernador electo de Río Grande do Sul, Tarso Genro (PT). También estaba el gobernador que obtuvo el más alto porcentaje de sufragios, Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (PSB) reelegido en el Pernambuco natal de Lula con más del 82 por ciento de los sufragios válidos. En la segunda línea de sillas y también parados en un estrado abarrotado aparecían otros mandatarios vencedores del primer turno y más parlamentarios y se dejaba ver el asesor de Lula en política internacional y uno de los hombres de la campaña de Dilma, Marco Aurelio García. Empezar de nuevo. Todos los simbolismos, incluido el cartel de fondo con Dilma sonriente, con los brazos en alto y las manos entrelazadas con su mentor, el presidente Lula, parecían dirigidos a borrar la imagen de abatimiento que acompañó a la candidata que se había quedado en el umbral de la hazaña de convertirse en la primera mujer presidenta de la mayor democracia latinoamericana. Y es que el hecho de que alguien que nunca había competido por un cargo electivo lograra lo que ni siquiera alcanzó el mandatario que dejará el cargo con más del 80 por ciento de apoyo, parecía una utopía. Pero el exceso de confianza o el error de cálculos fue un pecado del oficialismo que pareció dejar flancos débiles que explotaron sus rivales envalentonados por la prolongación de la lucha. Las caras de derrota en el PT ganador del primer turno contrastaron con la euforia paulista de un PSDB que había quedado segundo, pero a una diferencia de 14,3 por ciento de los votos válidos. Así como José Serra se subió al palco de Geraldo Alckmin, elegido en primer turno para la gobernación del estado más poderoso, rico y poblado del país, Dilma podría haber evitado el clima de velorio de antenoche en Brasilia si permanecía en Porto Alegre, donde votó por la mañana. Allí, Rousseff podría haber disimulado el sabor agridulce de "vencer pero no tanto", entre el festejo del PT por el regreso a la gobernación de Río Grande do Sul de Tarso Genro. Pero la previsión no estuvo o quizá primó el exceso de confianza.Ayer el error fue subsanado. No estaba Lula, pero acudieron en apoyo de la candidata de la coalición entre el PT, el PMDB, el PSB y otras fuerzas de izquierda figuras de peso para el mapa político que se avecina. Con guiños a Marina Silva, y la idea de comparar el fin de gestión de Cardoso con el final de los mandatos de Lula, Rousseff puso primera en ese camino.

