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Tres momentos en medio de 14 años

Después de todo, tras una campaña tensa y extenuante, y una vez consumada su nueva victoria que llamó “la batalla perfecta” del 7-0, fue Chávez quien telefoneó a Henrique Capriles Radonski, a quien dejó de llamar “el Majunche”, para felicitarlo y proponerle un diálogo abierto de cara al futuro de Venezuela.

06 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Marcelo Taborda (de nuestra redacción)
Tres momentos en medio de 14 años
Nuevas fuerzas. Durante su gestión, el mandatario bolivariano les dio otras funciones y perfil ideológico a las fuerzas armadas de su país (AP/Archivo).

Se volvió de inmediato ante la requisitoria del periodista que aguardaba, solitario en la puerta del Hotel Holiday Inn, su regreso del Predio Ferial. Aquella siesta de julio de 2006, apenas iniciado el diálogo, breve y pretendidamente exclusivo para este cronista, desde su comitiva oficial surgieron otros grabadores y libretas de apuntes donde se anotaban sus respuestas. Así, mientras acomodaba el nudo de la corbata de su interlocutor cordobés, Hugo Chávez ponía el acento en la sintonía ideológica que veía entre los líderes del continente y rechazaba con risas y bromas una supuesta puja suya con el entonces presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por el liderazgo de la región. Por entonces, politólogos y analistas de todas partes se empeñaban en confrontar dos modelos de izquierda en Latinoamérica: una progresista, moderna y aggiornada, que asociaban con Lula; y una radical, atrasada y dogmática, que emparentaban con el mandatario bolivariano. Los hechos parecieron confirmar los argumentos del venezolano, quien en esos días, durante los debates de la trigésima Cumbre del Mercosur de Córdoba, tomó partido por su colega brasileño, de cara a los comicios de octubre de ese año, en los que Lula lograría su reelección en el Planalto.Lula devolvería gentilezas unos meses después. Al inaugurar con su par un puente sobre el río Orinoco, días antes de las presidenciales de diciembre de 2006 en Venezuela, el brasileño dijo: "Nunca antes había visto a un presidente que hiciera tanto por los pobres de este país como Hugo Chávez".Lejos de disputas por el liderazgo de Sudamérica con el ex tornero mecánico pernambucano, en Córdoba Chávez se movió a la sombra de Fidel Castro, protagonista central en aquel encuentro de mandatarios.Habían pasado dos años de la primera vez que este periodista comprobó en la propia capital de Venezuela las reacciones viscerales que el comandante-presidente despertaba en la población que lo idolatraba o lo aborrecía, sin términos medios. En aquellos días, previos y posteriores al referéndum revocatorio del 15 de agosto de 2004, se dibujaban los perfiles de un antagonismo irreconciliable. Los antichavistas confiaban en lograr de modo democrático su objetivo de expulsar al mandatario del Palacio de Miraflores, algo que habían hecho el 11 de abril de 2002, en una intentona golpista tan bochornosa como efímera. Chávez, quien llamaría a sus opositores "los escuálidos", era también el blanco de las más variadas denostaciones en canales de TV privados donde su figura a menudo se ridiculizaba con planteos de clase. "¿Sabes por qué no lo queremos?: porque es zambo, o sea, una mezcla que no es ni negro ni indio", le dijo a este enviado en el aeropuerto de Lima un venezolano que había viajado a Caracas desde Montevideo para contribuir con su voto a la caída del gobernante y se volvía frustrado tras ver cómo este había sido refrendado en las urnas. La reunión con prensa extranjera en Miraflores fue en aquel agosto de 2004 una pequeña muestra de un estilo que el presidente desplegaba cada semana en su Aló Presidente. Sólo un puñado de preguntas y respuestas extensísimas donde las citas históricas se mezclaban con anécdotas personales y comparaciones a veces magistrales y otras desopilantes.Las últimas tres veces que este cronista estuvo cerca del gobernante se sucedieron otra vez en Caracas, antes, durante e inmediatamente después de las elecciones del 7 de octubre pasado. Su postura y aspecto no parecían evidenciar la gravedad de un estado que, dos meses más tarde, lo enviaría de nuevo al quirófano en Cuba. En su contacto con los periodistas, Chávez parecía el de siempre, personalizando diálogos con sus interlocutores o devolviendo repreguntas ante interrogantes que consideraba sesgados. Aunque sus respuestas ya no eran tan extensas y su tono parecía más aplomado y conciliador, más allá de alguna chicana hacia rivales de turno. Después de todo, tras una campaña tensa y extenuante, y una vez consumada su nueva victoria que llamó "la batalla perfecta" del 7-0, fue Chávez quien telefoneó a Henrique Capriles Radonski, a quien dejó de llamar "el Majunche", para felicitarlo y proponerle un diálogo abierto de cara al futuro de Venezuela.