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Todavía no es primavera en Siria

La presencia de los observadores de la Liga Árabe en Siria fue aprovechada por los grupos opositores para ganar visibilidad internacional. Alejandra Conti.

31 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Todavía no es primavera en Siria

La presencia de los observadores de la Liga Árabe en Siria fue aprovechada por los grupos opositores para ganar visibilidad internacional. Las convocatorias a marchar se concretaron apenas comenzaron a llegar los observadores, el lunes pasado. Las manifestaciones fueron reprimidas por el gobierno de Bachar al Assad y el saldo fue de no menos de 130 muertos en los últimos cinco días, 32 de ellos ayer.Los datos son difíciles de recopilar y de chequear porque la prensa extranjera no puede ingresar a Siria y la local es oficialista. Tampoco pueden entrar al país representantes de la ONU. Los datos se obtienen de ONG que trabajan allí y de ciudadanos que logran hacer conocer su versión de los hechos a familiares o contactos en el exterior. Según estas fuentes, unas cinco mil personas fueron asesinadas desde que comenzó la rebelión. Esta cifra no incluye a los desertores de las fuerzas armadas ni a los efectivos de las fuerzas de seguridad, que han muerto de a cientos.Hay denuncias de secuestros seguidos de tortura y asesinato. Esto, sin embargo, no es nuevo en el país; el gobierno de Al Assad es uno de los más autoritarios y represores del mundo.El conflicto comenzó el 15 de marzo, cuando se realizó una serie de manifestaciones en lo que se llamó el "día de furia" contra Al Assad.Un par de meses después, y al no terminar la represión contra manifestantes y opositores, la Unión Europea y Estados Unidos anunciaron sanciones. Esas medidas, que se suman a otras que desde años anteriores pesaban sobre Siria, están dirigidas a personas que poseen bienes en Estados Unidos y Europa, como el propio presidente, familiares y amigos en el gobierno. Estas no son las que repercuten en la población, pero sí las que afectan a grandes empresas que comercian con el exterior. En octubre, la oposición anunció la creación del Consejo Nacional Sirio, en un intento por coaligarse.En noviembre, la Liga Árabe suspendió a Siria como integrante de la organización. El 19 de diciembre, Damasco firmó el acuerdo para autorizar la misión de observadores que llegó el lunes.El mundo árabe quiere mostrar que puede manejar este conflicto y evitar la intromisión occidental, pero no hay nada que haga pensar que la misión pueda tener un efecto convincente en Al Assad y sus adláteres. Es demasiado lo que está en juego para los dueños del régimen: sus fortunas, su poder y hasta sus vidas. Renunciar e irse a casa no es una alternativa realista para dictadores, y menos en el marco de semejante conflicto. Inclusive, la posibilidad de un juicio justo parece remota. El recuerdo de Muamar Kadhafi, escondido en un caño y asesinado brutalmente por los rebeldes, debe estar presente en sus pensamientos.Algunos detalles pintan la naturaleza de la misión. Los observadores de la Liga Árabe están liderados por el general Mustafa al Dabi, acusado por Amnesty International de violaciones a los derechos humanos en su país, Sudán. En segundo lugar, la misión no ha aceptado reunirse con algunos representantes opositores, como el Ejército de Liberación Siria. En tercer lugar, sólo ingresarán a los lugares que el gobierno les permita.Por otra parte, y a pesar de todo el rechazo que un dictador puede generar en su pueblo, hay importantes sectores sociales y económicos muy preocupados por la posibilidad de que la mayoría sunita (sobre todo su ala más fundamentalista) tome el poder en caso de una revolución. De allí que los alauitas (entre los que se cuenta el propio Al Assad y quienes ejercen el poder), cristianos y otras minorías estén de parte del gobierno. Incluso sunitas moderados, principalmente comerciantes y empresarios que se vieron beneficiados por las políticas presidenciales, estarían entre estos.La economía, nuevamente, juega un rol fundamental en este capítulo de la Primavera Árabe, sobre todo en lo que afecta a los jóvenes (el promedio de edad en Siria es de 21,5 años). La desocupación es alta y las sanciones económicas se hacen sentir, particularmente la que le impide vender combustibles a Europa, su principal comprador de ese rubro.Todo esto ocurre en una zona de alta volatilidad, no sólo por el petróleo y los conflictos que su existencia conlleva, sino por el rompecabezas étnico y religioso que caracteriza a la región. Lo que pase en Siria repercutirá en Turquía, Líbano, Jordania, Irak, Irán e Israel, y siempre será noticia en el resto del mundo.