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¿Tiempo de buscar la paz?

Trinidad Orjuela finalmente pudo volver a reunirse con su hijo, el sargento Robinson Salcedo. Marcelo Taborda.

04 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
¿Tiempo de buscar la paz?

"Lo abracé fuerte, lo besé mucho, pero no hablamos nada; sólo hubo miradas, llanto y mucha alegría", dijo ayer al diario El Tiempo la colombiana Trinidad Orjuela, en alusión al reencuentro con el que soñaba cada noche y que, con sus 80 años, temía que nunca ocurriera. Pero Trinidad finalmente pudo volver a reunirse con su hijo, el sargento Robinson Salcedo, a quien las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) habían hecho cautivo el 3 de agosto de 1998. Aún emocionada, la mujer relataba lo vivido en la tarde del lunes: "A mi hijo se lo llevaron de 27 y me lo devolvieron de 40 y a mí me tocó decirle 'mire Robinson, este es su hijo Yonathan, se lo entrego hecho todo un hombre". Y Yonathan, que no había cumplido cinco años cuando se llevaron a su padre y hoy tiene 18 y mide un metro 80, comprendió que el sargento no pudiera reconocerlo entre la gente que esperaba a los 10 últimos rehenes uniformados liberados por la guerrilla. Cuentan que el sargento apenas atinó a abrazar al chico al que no veía desde hacía 13 años y ocho meses y entregarle un par de loritos que le trajo como recuerdo de la selva. La historia de Robinson Salcedo ilustra tantos otros casos de ausencias, esperas, cautiverios y desencuentros que marcaron a cientos de familias en Colombia, a partir de los secuestros que las Farc prometieron abandonar el 26 de febrero como estrategia. Con las liberaciones unilaterales del lunes, a la guerrilla no le quedan más prisioneros "canjeables". Aún queda, en cambio, un número incierto de civiles en manos de la guerrilla que irrumpió en 1964. Valoraciones dispares. Diferentes fueron las lecturas de la promesa cumplida por las Farc de entregar a cuatro militares y seis policías. Organizaciones humanitarias, fuerzas opositoras y el representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos consideraron que "el gesto" podía iniciar un diálogo en busca de una paz esquiva. Pero el presidente Juan Manuel Santos fue tajante al considerar el hecho como un paso en la dirección correcta, aunque insuficiente. "Es pura especulación que las liberaciones sean augurios de conversaciones de paz", dijo Santos, quien fue ministro de Defensa del ex presidente Álvaro Uribe entre 2006 y 2009 y desde entonces defiende respuestas drásticas y mano militar en el trato con los rebeldes. Entre esas acciones militares está el polémico ataque a un campamento de las Farc en suelo ecuatoriano, el 1º de marzo de 2008, que acabó con el líder rebelde Raúl Reyes y originó un serio entredicho regional. Manos duras y vidriosas. En septiembre de 2010, un mes y medio después de asumir la presidencia, Santos anunciaba la muerte del "Mono Jojoy", jefe militar de las Farc, en una redoblada ofensiva que el 4 de noviembre de 2011 acabó con la vida de Alfonso Cano, el máximo líder del secretariado de una guerrilla que parecía definitivamente descabezada. El presidente colombiano es fiel a un libreto que le dio su máximo de popularidad y lo catapultó hacia la Casa de Nariño el 2 de julio de 2008, cuando apareció junto a la rehén más buscada (Ingrid Betancourt), 11 uniformados colombianos y tres estadounidenses rescatados en la mediática "Operación Jaque".Pero así como un documental sugiere que el éxito de ese rescate no se debió a la planificación militar sino al pago de 100 millones de dólares a los insurgentes, hay puntos oscuros que empañan los éxitos de Santos en el campo de batalla. Entre ellos los "falsos positivos", operativos militares en los que se secuestró a campesinos, indígenas o personas de sectores marginales a los que luego se ejecutó e hizo aparecer como combatientes rebeldes para lograr así un ascenso o algún otro "premio". Los "falsos positivos" y los nexos con paramilitares que marcaron al uribismo salpican a quienes ocuparon puestos clave en su gestión y Santos fue uno de ellos.Mientras, el presidente considera que es la presión militar a las Farc la que provocó el debilitamiento de una guerrilla atomizada y desfasada con los tiempos que corren. Además, no son pocos los que piensan que al mantener su lucha armada, las Farc acaban dando excusas para el intervencionismo de Estados Unidos con un renovado "Plan Colombia" que puede ser plataforma de injerencias en toda la región.