El moderado Rohani será el nuevo presidente de Irán
El religioso de 64 años rompió todos los pronósticos, y su triunfo desató una fiesta en las calles. Durante la campaña se mostró dispuesto a revisiones nucleares y a negociar con Occidente.
Teherán. El religioso Hasan Rohani sorprendió ayer al imponerse en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Irán con 50,7 por ciento de los votos, una victoria que marca el regreso de los moderados y reformistas al gobierno tras años de control conservador.
En unos comicios planteados en principio como una pugna entre representantes del sector ultraconservador islámico cercano al líder supremo, el ayatolah Ali Jamenei, Rohani surgió como la figura aglutinadora de votos moderados, de reformistas desencantados y de muchos electores ajenos al sistema.
Finalmente, este clérigo musulmán chiíta, de 64 años, con un largo historial revolucionario, consiguió la presidencia con 18.613.329 votos de los 36.704.156 que se emitieron el viernes en las presidenciales iraníes, según informó el Ministerio del Interior.
Para que su victoria sea oficial, aún debía ser confirmada por el Consejo de Guardianes, órgano religioso que supervisa la vida política de Irán. Sin embargo, su principal rival, Mohamad Bagher Qalibaf, alcalde de Teherán, ya lo felicitó y reconoció su triunfo.
Rohani se convierte así en el séptimo presidente de Irán tras las 11ª elecciones celebradas en la República Islámica en sus 34 años de historia.
Una fiesta improvisada. Nada más al conocerse la victoria de Rohani, miles de personas salieron a las calles en Teherán para celebrarlo, haciendo sonar las bocinas de sus vehículos, gritando y poniendo música a todo volumen.
Hace cuatro años, esas mismas calles eran escenario de sangrientas represiones que siguieron a las denuncias de fraude y a las protestas.
De poco sirvieron los llamamientos del Ministerio del Interior, el Consejo de Guardianes y la propia oficina de campaña de Rohani para mantener la calma y evitar manifestaciones públicas, pues antes de que tuvieran tiempo de hacerlo, las calles estaban llenas de gente.
Rohani y otros conocidos reformistas se reunieron para celebrar la victoria del nuevo presidente electo, mientras en la calle Karim Jan, en el centro, frente a su cuartel de campaña, se repartían flores y dulces.
“Larga vida a Rohani”, gritaban los simpatizantes, mientras los agentes de seguridad se mantenían al margen de intervenir contra las multitudes, que se mostraban contentas e incluso algo desconcertadas por la amplitud de la victoria. En la cuenta de votos, Rohani triplicó a su rival más próximo.
En su campaña, además de una gestión de expertos para solucionar los problemas económicos del país, Rohani ha prometido una “interacción constructiva” en política exterior para sacar a Irán del aislamiento y acabar con las sanciones internacionales, un código de derechos civiles y promover la situación de la mujer.
"Una nueva oportunidad". En su primera declaración, después del anuncio de los resultados, Rohani dijo que "se creó una nueva oportunidad para aquellos que respetan en verdad la democracia, la interacción y la libertad de diálogo".
Sin embargo, en Irán cualquier triunfo abrumador en las urnas no se refleja necesariamente en las grandes decisiones políticas del país.
Todas las decisiones cruciales recaen en los clérigos gobernantes y el poderoso estamento que los protege: la Guardia Revolucionaria. Pero quien tiene la palabra final es el ayatolah, Ali Jamenei, líder supremo en el régimen teocrático musulmán chiíta de la República Islámica.
Tras conocerse los resultados, Jamenei agradeció al pueblo su participación y dijo que “el presidente elegido es de todo el pueblo”. Agregó que las elecciones fueron un examen “que mostró una cara llena de esperanza del Irán islámico a amigos y enemigos”.
También el presidente saliente, Mahmud Ahmadinejad, felicitó a Rohani en una misiva en la que espera que pueda “servir y esforzarse para que se establezca la justicia y se amplíe el desarrollo del país”.
Ahmadinejad recuerda los grandes recursos de Irán y la capacidad de su pueblo, que pueden ayudar al nuevo gobernante en su misión al frente del país, para lo que solicita unidad entre los iraníes.
Rohani no es precisamente un radical, aunque se desempeñó en diversos gobiernos, pero adoptó una postura firme contra las políticas combativas Ahmadinejad y otros.
“Nunca fui extremista”, manifestó Rohani en la televisión estatal poco después del anuncio de los resultados oficiales. “Apoyo la moderación”, insistió este clérigo.
“Agradezco a Dios que la racionalidad y la moderación han brillado de nuevo en Irán”, continuó. “Esta es la victoria de la sabiduría, de la moderación, de la transigencia sobre el extremismo”, concluyó.
Su énfasis en la comunicación podría reducir considerablemente la animosidad política entre Irán y Occidente.
50,7 por ciento de los votos fueron para Rohani.
La participación fue del 72,7 por ciento de un total de 50,5 millones de iraníes habilitados para votar.
Esperanza de cambio
La victoria de Rohani reabre el espacio a las voces moderadas y liberales que permanecieron amordazadas mucho tiempo, con el propósito de negarles a los reformistas la presidencia en represalia por las protestas multitudinarias de 2009.
Más información

