Sombras de guerra
Israel, Estados Unidos e Irán parecen estar dando los pasos que conducirán en forma inexorable a una confrontación. Alejandra Conti.
Casi diariamente se suceden las noticias relacionadas con un posible ataque a Irán, tanto por parte de Israel como de Estados Unidos. Uno tras otro, los países involucrados parecen estar dando los pasos que llevarán inexorablemente a una confrontación. Desde las oficinas más lujosas del mundo se consolidan las alianzas y se debaten las estrategias que convertirán a otra gente, inmensamente menos influyente, en miserables víctimas de otro conflicto. La insistencia en las declaraciones apenas disimula una ansiedad bélica, como si las autoridades israelíes y estadounidenses estuvieran preparando a la opinión pública mundial para dar el paso hacia lo que se disfraza de inevitable por culpa de quien será atacado.Para no ir más lejos, esta semana Estados Unidos emitió un mensaje claro: que está dispuesto a usar la fuerza contra Irán si las otras medidas no logran frenar el proceso en el que, asegura, la teocracia islámica está inmersa para lograr poder atómico. "La opción militar no sólo está disponible y planificada, sino que está lista", declaró en ese sentido Dan Shapiro, embajador estadounidense en Israel.Tanto en Irán como en Estados Unidos esto se interpretó como un mensaje tranquilizador para los sectores israelíes más radicalizados, que no verían con agrado una actitud conciliadora o moderada del gobierno de Barack Obama.Sin embargo, el actual ministro de Seguridad de Israel (y ex primer ministro) Ehud Barak declaró que temía que las negociaciones entre Irán y el Grupo 5 + 1, es decir, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, que se realizarán a partir del miércoles en Bagdad, terminen en un acuerdo que sólo sirva para engañar al mundo. Barak manifestó en esa misma oportunidad ante la CNN que su país esperaba que Estados Unidos supiera poner límites a las aspiraciones iraníes de obtener armas nucleares. Inmediatamente agregó que Israel no ha descartado una alternativa militar para su autodefensa. Paralelamente, Irán no sólo reiteró que no busca tener armas nucleares y acusó a lo que llama "el triángulo ominoso" (Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel) de provocarlo indirectamente para promover la unión de Bahrein con Arabia Saudita. Irán reclama que Bahrein (país gobernado por los sunitas pero con población mayoritariamente chiíta) debe responder a Teherán. Al margen de este incidente en particular, Mahmud Ahmadinejad, el presidente iraní, aporta su propia cuota de provocación haciendo cada tanto declaraciones en las que no sólo niega el Holocausto sino también el derecho de Israel a existir. Así, ambas partes (Irán, por un lado, Estados Unidos e Israel, por el otro) parecen igualmente ansiosas de un estallido bélico.Lo que reclaman los países occidentales a la teocracia iraní es la clausura de la central de Fordow (una fortaleza subterránea), en la que se sospecha que se desarrollan los procesos más avanzados para enriquecer uranio con el fin de obtener capacidad armamentística en materia nuclear.También se le reclama que deje de exportar uranio semi enriquecido. Es más, cables dados a conocer por WikiLeaks demostraron que varios países del Golfo instaban a Estados Unidos a atacar a Irán. La teocracia también es una molestia para las autocracias monárquicas de la zona aliadas de Washington, que hace la vista gorda a las violaciones a los derechos humanos que se perpetran en esos países. ¿Qué tiene Irán? Existe la convicción de que Irán no está en condiciones de tener hoy armas nucleares, pero esto no es un obstáculo para quienes impulsan la idea de una confrontación. Los argumentos de estos últimos indican que el nivel científico que ya posee Irán para obtener uranio semi enriquecido es un paso en la evolución hacia la obtención de armas. Teherán responde a esto que no le interesa tener un par de armas nucleares, cuando Estados Unidos tiene 20.000 misiles, e insiste en que sus objetivos son meramente energéticos. La debilidad de este último argumento reside en que Irán es el segundo productor mundial de petróleo después de Arabia Saudita y posee el nueve por ciento de las reservas mundiales. Hay más contradicciones en esta historia, y cada participante aporta la suya: Irán es signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), pero no acepta las inspecciones más estrictas de la Agencia Internacional de Energía Atómica porque no está de acuerdo con ellas y asegura las decisiones de la Aiea están motivadas por cuestiones políticas.Estados Unidos y Gran Bretaña también son signatarios, pero los críticos a sus respectivas políticas nucleares aseguran que han violado el tratado incluso transfiriéndose tecnología mutuamente para aparentar que están reduciendo su poder atómico. Israel, por su parte, no es parte del TNPN y por lo tanto no está obligado a declarar el armamento que seguramente posee. Nunca confirmó ni desmintió las especulaciones sobre su poder nuclear. India y Pakistán, dos potencias nucleares siempre en tensión, y Corea del Norte, gobernada por un régimen estalinista, tampoco son miembros.Con este panorama en vista, está clara la motivación de una posible guerra. Puede decirse con seguridad que ninguno de los pueblos involucrados desea otra guerra. Pero casi con la misma seguridad puede asegurarse que atacar a Irán puede llevar a que éste intente con más empeño aún conseguir las armas nucleares que por ahora, aparentemente, no tiene.

