Siria es escenario de una sangrienta guerra sectaria entre alauíes y sunitas
La minoría gobernante teme que la caída del régimen de Al Assad desate una masiva venganza. Los alauíes no son más del 15% de la población.
Damasco. No se los puede distinguir por la manera de vestir o cualquier otro signo exterior. No se proclaman miembros de tal o cual comunidad, ni efectúan ceremonias públicas distintivas. Y, sin embargo, existen y todos sus compatriotas saben que existen: son los alauíes.
¿Cómo se los puede identificar? En un reportaje para Al Yazira, alguien dio la mejor respuesta: “Es fácil saber si uno está en una zona alauí. Será ese lugar donde todos y cada uno de los rincones estén decorados con fotos del presidente Bachar, su hermano Maher y su padre, Hafez. Y donde las paredes estarán pintadas con el lema Al Assad para siempre”.
Dos sangrientos conflictos, como mínimo, asolan ahora Siria. A lo que, siguiendo los ejemplos tunecino y egipcio, comenzó hace 11 meses como una lucha juvenil, pacífica y democrática contra los 40 años de dictadura de los Al Assad, se le sumó una guerra civil sectaria, cada vez menos soterrada, entre la minoría alauí gobernante y la mayoría sunita.
Como los Al Assad, alauíes son los principales responsables de la feroz represión: los jefes y muchos de los miembros de los mujabarat o servicios de espionaje, la shabiha o milicia del régimen, las tropas de élite de la Cuarta División que dirige Maher al Assad. También los civiles que sostienen con más fervor a la familia presidencial son alauíes.
Por el contrario, sunitas son la mayoría de los miembros de las fuerzas armadas que se niegan a disparar contra la población rebelde y que desertan. También la mayoría de los integrantes del denominado Ejército de la Siria Libre que, a fines del año pasado, comenzaron la resistencia armada, y de los manifestantes en las calles de Homs y otros lugares.
En todas partes. Los enfrentamientos entre civiles alauíes y sunitas se multiplican a lo largo y ancho de Siria.
Los primeros temen que la caída de los Al Assad se transforme en una feroz persecución de su minoritaria y enigmática comunidad. Los segundos piden venganza.
Los periodistas que informan sobre el Ejército de la Siria Libre cuentan que uno de sus mensajes de reclutamiento llama a una guerra de los “verdaderos musulmanes” contra “los heréticos alauíes”.
Los alauíes sirios suponen entre el 12 y el 15 por ciento de los 24 millones de habitantes del país. Los sunitas estarían entre el 70 y el 75 por ciento. El resto son cristianos, drusos, kurdos y otros grupos étnicos o religiosos más minoritarios
Étnica y culturalmente, los alauíes son tan árabes como todos los demás. En cuanto a sus creencias religiosas, están enraizadas en el Islam chiíta. El resto es misterioso: constituyen una secta iniciática y sólo aquellos que alcanzan niveles superiores de poder o espiritualidad conocen todos sus secretos.
En las últimas cuatro décadas, los alauíes fueron perdiendo sus señas de identidad religiosas para sustituirlas por la adhesión a los Al Assad.
Ahora son una comunidad sin verdadera convicción ideológica o religiosa, pero cimentada por el miedo a que el final del régimen desemboque en una venganza sangrienta.
Así que el alzamiento democrático contra una autocracia se volvió un conflicto sectario entre, de un lado, los sunitas y, del otro, los alauíes y sus aliados políticos: los chiítas de Irán, el Hizbollah libanés y la mayoría gubernamental en Irak. Algo muy explosivo.
La violencia no tiene fin
Apoyo y reto de China. La visita del enviado especial chino, Zhai Jun, a Siria escenificó ayer el respaldo de Beijing al presidente sirio, Bachar al Assad, pero supuso también una llamada de atención a la necesidad de que cese la violencia, que sigue sin dar tregua en el país.
Fuego contra un funeral. Las fuerzas del régimen dispararon a las miles de personas que se manifestaban durante un funeral en el barrio de Mezze, en pleno Damasco, y al menos una murió, afirmó la vocera de los opositores Comités de Coordinación Local, Rima Flihan.

